Domingo, 04 de noviembre de 2012 | 4:30 am
La alcaldesa de Lima tiene que enfrentar un proceso de revocatoria
el próximo marzo. Sus debilidades no son pocas. Su partido, Fuerza
Social, no tiene un gran aparato político de cuadros activos ni es un
partido de masas. Tampoco tiene aliados políticos importantes en Lima,
salvo las fuerzas de izquierda que en la capital no representan un
caudal mayoritario de votos. La experiencia de gobierno de su partido es
mínima.
Cuando tentaron la alcaldía su plan era otro. Tal vez colocar algunos regidores y buscar una presencia en el Congreso. El retiro de Kouri de la campaña cambió la correlación de fuerzas y Susana Villarán, por una ventaja mínima, le ganó las elecciones a Lourdes Flores.
Ya en el poder, Villarán quiso diferenciarse de su antecesor, que había asociado hasta el último peldaño de cada escalera con su nombre, y eliminó su presencia publicitaria. Ni nombre, ni foto de la alcaldesa. Grave error. Sus obras no fueron asociadas a su gestión. Sus programas sociales, que buscan crear ciudadanía, son demasiado abstractos para los niveles socioeconómicos más bajos, a donde van dirigidos y donde peor le va a Villarán en las encuestas. Tampoco se asocian a su gestión las grandes obras públicas, las que por estar concesionadas se identifican más con el sector privado que con el municipio que las promueve. Las dos reformas más importantes de su gestión, transporte público y comercialización de alimentos, son bien recibidas en las encuestas pero tienen un costo social para votantes concretos y sus familias, y pocos resultados en el cortísimo plazo.
Ahí no terminan las debilidades. Villarán enfrenta a un adversario oculto, que juega sin dar la cara, escondido detrás de ciudadanos supuestamente independientes, lo que hace mucho más difícil una respuesta política. Ni siquiera el JNE le ha sido favorable a la alcaldesa. Por el contrario, ha admitido recursos que a otras agrupaciones políticas le hubiera rechazado y ha adelantado al máximo posible el proceso, fijando la fecha en marzo, contra todo precedente y con el riesgo de enfrentar problemas logísticos y presupuestarios.
¿Y cuáles son sus fortalezas? La primera, una gestión asociada a la honradez y la rectitud. Puede ser poca cosa en un país en donde “roba pero hace obra” es un manifiesto popular, pero puede ser también su mejor carta de presentación para demostrar que este proceso es un abuso. La institución es legal y constitucional pero carece de motivación. La segunda es que la tesis de que es una “vaga”, después de ocho paros de transportes y el desalojo, trágico aunque finalmente exitoso, de La Parada ya no puede ser sostenida por más tiempo. Tercero, tiene el apoyo del sector empresarial que ve peligrar la estabilidad de 1.200 millones de dólares en obra pública en ejecución y 3.000 millones de dólares más al finalizar su mandato. Así lo ha hecho saber la Confiep. Y, cuarto, si sabe jugar políticamente, puede tener al PPC haciendo campaña con ella, y eso no es poca cosa en Lima.
Sus adversarios creen que Villarán está en su peor hora. Creo que se equivocan. Esta podría ser su mejor hora y el proceso de revocatoria, de remontarlo correctamente, su mayor triunfo. De su habilidad política dependerá el resultado final.
Cuando tentaron la alcaldía su plan era otro. Tal vez colocar algunos regidores y buscar una presencia en el Congreso. El retiro de Kouri de la campaña cambió la correlación de fuerzas y Susana Villarán, por una ventaja mínima, le ganó las elecciones a Lourdes Flores.
Ya en el poder, Villarán quiso diferenciarse de su antecesor, que había asociado hasta el último peldaño de cada escalera con su nombre, y eliminó su presencia publicitaria. Ni nombre, ni foto de la alcaldesa. Grave error. Sus obras no fueron asociadas a su gestión. Sus programas sociales, que buscan crear ciudadanía, son demasiado abstractos para los niveles socioeconómicos más bajos, a donde van dirigidos y donde peor le va a Villarán en las encuestas. Tampoco se asocian a su gestión las grandes obras públicas, las que por estar concesionadas se identifican más con el sector privado que con el municipio que las promueve. Las dos reformas más importantes de su gestión, transporte público y comercialización de alimentos, son bien recibidas en las encuestas pero tienen un costo social para votantes concretos y sus familias, y pocos resultados en el cortísimo plazo.
Ahí no terminan las debilidades. Villarán enfrenta a un adversario oculto, que juega sin dar la cara, escondido detrás de ciudadanos supuestamente independientes, lo que hace mucho más difícil una respuesta política. Ni siquiera el JNE le ha sido favorable a la alcaldesa. Por el contrario, ha admitido recursos que a otras agrupaciones políticas le hubiera rechazado y ha adelantado al máximo posible el proceso, fijando la fecha en marzo, contra todo precedente y con el riesgo de enfrentar problemas logísticos y presupuestarios.
¿Y cuáles son sus fortalezas? La primera, una gestión asociada a la honradez y la rectitud. Puede ser poca cosa en un país en donde “roba pero hace obra” es un manifiesto popular, pero puede ser también su mejor carta de presentación para demostrar que este proceso es un abuso. La institución es legal y constitucional pero carece de motivación. La segunda es que la tesis de que es una “vaga”, después de ocho paros de transportes y el desalojo, trágico aunque finalmente exitoso, de La Parada ya no puede ser sostenida por más tiempo. Tercero, tiene el apoyo del sector empresarial que ve peligrar la estabilidad de 1.200 millones de dólares en obra pública en ejecución y 3.000 millones de dólares más al finalizar su mandato. Así lo ha hecho saber la Confiep. Y, cuarto, si sabe jugar políticamente, puede tener al PPC haciendo campaña con ella, y eso no es poca cosa en Lima.
Sus adversarios creen que Villarán está en su peor hora. Creo que se equivocan. Esta podría ser su mejor hora y el proceso de revocatoria, de remontarlo correctamente, su mayor triunfo. De su habilidad política dependerá el resultado final.

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