lunes, 10 de junio de 2013

La herencia del SÍ





Si el Sí ganara la revocación, como lo anuncian todas las encuestas hasta hoy, sus promotores y partidos de apoyo tendrán que asumir algunas responsabilidades en los próximos años.
La primera y tal vez la más dura será el ser medidos con la misma vara con la que ellos han medido la gestión de Susana Villarán. No habrá margen para el error. No habrá comprensión para la tardanza, ni para el mayor gasto, ni para los imponderables. No habrá fenómeno climático, geográfico o político que justifique un retraso en nada de lo anunciado hoy y que la gente sí apoya.
Si, por ejemplo, en los días siguientes a la revocación de todas las autoridades ediles se invadiera La Parada (como ya se promete clandestinamente) para llevar de nuevo ahí el Mercado Mayorista de Lima, ¿quién se hará responsable?, ¿será culpa de Susana Villarán?
Si la ampliación de la avenida Javier Prado o la ampliación de la Vía Expresa de Paseo de la República o el nuevo puente Alipio Ponce no se construyen nunca, ¿de quién será la culpa?, ¿de Alan García o de Luis Castañeda Lossio? Si los contratistas en general no aceptan condiciones de contractuales impuestas por los nuevos administradores de la ciudad y resuelven sus contratos, ¿quién asumirá el costo por esos cientos de kilómetros? ¿Marco Tulio Gutiérrez? ¿Un “impresentable”, como él mismo se ha autodefinido, por el cual no votamos pero que es el mascarón de proa del trabajo sucio de Castañeda, que muerto de miedo no se atreve a dar la cara?
Cualquier alcalde de Lima tendrá que fijar a partir de hoy su horizonte de trabajo en dos años. Sus enemigos, poco interesados en lo mejor para Lima, tardarán eso en organizar una revocación. Y las víctimas de los anteriores procesos serán los primeros en unirse para sacar a sus anteriores verdugos. De eso no puede caber duda porque así es la política. Te doy lo que me das. Y de ese círculo vicioso, con una ciudad polarizada, no saldremos en muchos años.
Habría que advertir que la codicia no es buena consejera política. Las condiciones de oscuridad en que se manejaron gestiones anteriores serán irrepetibles porque los partidos perdedores, con otros procesos políticos a la vista, no perderán la oportunidad de resaltar cualquier detalle que demuestre que la corrupción ha regresado al municipio. Para ponerlo en claro, ya no van a poder robar como antes. Un Comunicore no lo van a tener tan fácil. Van a tener que desarrollar otras fórmulas tan creativas como lo fue esa en su momento. Y no van a tener éxito con tanta atención encima.
Las autoridades electas que tenemos son las que la mayoría ha elegido. Las autoridades revocadas son las que la minoría ha sacado del cargo. Esas son las reglas “democráticas” que impuso el gobierno aprista para crear un clima de perpetua inestabilidad política en los gobiernos regionales y locales.
Por eso hoy la revocación es un proceso ético. La ideología quedó fuera, pero nunca quedó afuera la moral. Este proceso ha puesto de un lado a los oportunistas y del otro a sus víctimas. Cada ciudadano se pondrá del lado que crea conveniente. Esperemos que decida sopesando bien las consecuencias a futuro de su decisión.
¿Mejora la calidad de vida de los limeños el tener alcaldes de dos años? No lo creo. Pero casi la mitad de los limeños cree que sí. Entonces, que asuman. Si ese es el camino que eligen, que no vengan después con quejas.

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