domingo, 30 de junio de 2013

Nada más que mentiras

 





Alejandro Toledo está en graves problemas políticos, penales y familiares. Ha mentido ya tantas veces que, salvo que se le declare inimputable por grave alteración de la conciencia, va a tener que responder al posible señalamiento de delitos aquí y en Costa Rica.
En enero, cuando se conoció que su suegra era propietaria de una casa de US$ 3.750.000, mintió, y en grande. Nadie podía suponer que fuera capaz de inventarse un cuento tan elaborado para justificar la riqueza de su suegra como una doble viudez y una pensión grandiosa como víctima del Holocausto. Cuando apareció el segundo inmueble (negado antes) insistió en lo mismo pero añadió un préstamo de Scotiabank en Costa Rica a una señora de 86 años para comprar una casa y una oficina en Lima. El disparate comenzó a desmoronarse por absolutamente improbable.
La investigación de Panorama en Costa Rica y de Velaverde en Bruselas reveló que la pobre señora no solo no tenía un cobre partido por la mitad, sino que había constituido una sociedad a todas luces de fachada para el trasvase de capitales que no eran de ella. Toledo apareció en Lima y mientras lanzaba cifras confusas y papeles al aire, primero a Augusto Álvarez Rodrich y luego a los congresistas de la Comisión de Fiscalización, se iba enredando más y más. Frases vacías como “no soy abogado”, “¿usted conoce los negocios de su suegra?” o “no se lo permito”, además de la portátil que lo esperaba en la puerta del Congreso, no lo salvaron del sinnúmero de contradicciones en las que él mismo cayó. Contradicciones que, contrastadas con los documentos que finalmente dejó en el Congreso y el testimonio del corredor de inmuebles Paul Allemant, eran insalvables.
El puntillazo final se lo ha dado el abogado al que recurrió en Costa Rica, Melvin Rudelman, quien esta semana aceptó que fue el mismo Alejandro Toledo el que había solicitado la constitución de la empresa de fachada Ecoteva, llegando a proponer su nombre. El hecho había sido negado con énfasis. Pasadas las horas y los días, nadie ha desmentido ni al corredor ni al abogado. El silencio aquí habla por sí mismo.
A pesar de que el ex presidente Toledo ya no tiene el beneficio del antejuicio y debe ser investigado y procesado como cualquier ciudadano, es evidente que el trabajo de la Comisión de Fiscalización tendrá un impacto político y liquidará tanto sus aspiraciones presidenciales como el futuro de Perú Posible. Sin embargo, por más doloroso que esto sea para el gobierno en términos políticos, no debe ser impedimento para que se investigue un posible acto de corrupción. Hace mal el presidente Humala en alentar el encubrimiento parlamentario.
Es, sin embargo, en el campo penal donde Toledo deberá dar la peor batalla. Ser un mentiroso puede ser la ruina política, pero no lleva necesariamente a la cárcel. No poder explicar el origen de un dinero que se trasvasa de la cuenta de un amigo en dificultades financieras a inmuebles de una suegra milagrosamente beneficiada es el camino a la prisión. Máxime si puede probarse la participación directa de Toledo y su esposa tanto en la selección de los inmuebles a adquirir, como en la constitución de Ecoteva. Aquí y en Costa Rica se trata de conductas penadas con tipos penales tan graves como el de lavado de activos.
Si Alejandro Toledo quiere salvarse, al menos de la cárcel, tiene que empezar por decir toda la verdad a la Fiscalía. Y con lujo de detalles consistentes, explicar bien de quién es la plata y por qué había que hacerla recorrer tan tortuoso camino.

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