viernes, 1 de noviembre de 2013

Contra el olvido

Publicado: 2013-08-27

 

 





Recuerdo como si fuera hoy la mañana en que Salomón Lerner Febres presentó el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Dijo: “Le toca al Perú confrontar un tiempo de vergüenza nacional. Con anterioridad, nuestra historia ha registrado más de un trance difícil, penoso, de postración o deterioro social. Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado tan rotundamente con el sello de la vergüenza y la deshonra como el que estamos obligados a relatar”. Tenía razón. Le tocó el difícil trabajo de presentar al país y al mundo el resultado de una larga investigación, que recogió el testimonio de miles de peruanos, que mostró la crueldad y el desprecio por la vida a la que pudimos llegar en el Perú. Más de 70 000 muertos, decenas de miles de desaparecidos, de torturados, miles de mujeres violadas. Esta sin duda es la etapa más dolorosa de nuestra historia como nación independiente. Y algunos, irresponsablemente, quieren cubrirla con una alfombra de olvido e impunidad. No lo podemos permitir.

Construir una democracia sólida, con instituciones que generen confianza y donde nos reconozcamos como ciudadanos con igual valor, supone ser conscientes de nuestra historia, de los procesos políticos, sociales y culturales por los que tuvimos que pasar para ser quienes somos. Eso incluye mirar este penoso episodio de nuestro pasado reciente, asumirlo, tratar de entenderlo – con lo difícil que es entender la muerte y el dolor, peor aún en esta magnitud – sabernos capaces de tan maña atrocidad. Y aprender. Un pueblo con memoria, con historia compartida, es un pueblo que aprende, que se sobrepone, que se prepara para un futuro mejor. En cambio una sociedad sometida al olvido y a la impunidad, está condenada a cometer los mismos errores.

El conflicto armado interno – sí, fue un conflicto armado aunque algunos lo quieran negar – fue de los más violentos que se reportan en nuestra región. Fue un conflicto donde se aplicaron prácticas terroristas, que atentaron contra la vida e integridad de miles de peruanos y peruanas. Particularmente los que menos poder tenían, que eran “abrumadoramente quechua hablantes y ashánincas ” (1).

Sendero Luminoso, grupo violento, asesino, discriminador, fanático, llenó de sangre y dolor el país. Fue capaz de dinamitar a una mujer valiente como María Elena Moyano, que se atrevió a alzar la voz y decir que lo que hacía el PCP-SL no era revolución, sino terrorismo; la mataron porque se negó a vivir en un mundo de miedo. Fueron capaces de matar a comunidades enteras por negarse a ser soldados de una guerra sangrienta, y utilizaron a niños a quienes enseñaron a matar. Agredieron y asesinaron a cientos de dirigentes sociales y autoridades locales, entre regidores y alcaldes, muchos de ellos de las filas de la Izquierda, porque no estaban de acuerdo con la manera en que este grupo pretendía transformar el Perú. Atacaron a la clase a la que decían defender.

Y el Estado Peruano, en lugar de hacer frente a esta locura en el marco de nuestra incipiente democracia, le dio la espalda a miles de ciudadanos, aplicó terrorismo de Estado, permitió que en lugares del país, como Ayacucho, las fuerzas del orden aplicaran una práctica sistemática y generalizada de violación a los derechos humanos. Campesinos torturados, desaparecidos, asesinados. Comunidades enteras asesinadas porque se sospechaba que alguno de sus miembros era senderista, incluyendo el asesinato de niños. Se crearon grupos paramilitares como Rodrigo Franco y Colina, que actuaron impunemente con el soporte del Estado Peruano. Secuestraron, torturaron y asesinaron estudiantes y profesores como los de la Cantuta acusándolos de senderistas, acusación que se ha probado era falsa. Asesinaron a dirigentes sindicales que les resultaban incómodos como Saúl Cantoral y Pedro Huilca. Aplicaron una cultura del miedo y la represión a quienes se atrevieran a cuestionar las políticas de los gobiernos de turno y las violaciones de derechos humanos.

Nunca más.

No podemos permitir que vuelva a pasar. Nunca más. Y porque creemos en la vida, porque creemos que podemos ser una sociedad con un proyecto compartido, donde quepamos todos, necesitamos compartir nuestra Memoria. Necesitamos justicia. Reparación. No olvido. No impunidad.

Quienes en estos días, que se cumplen 10 años de la entrega del informe de la Comisión de La Verdad y Reconciliación, se atreven a pedir amnistía para el reo Abimael Guzmán o pedir que el reo Fujimori sea indultado injustificadamente o que se vaya a su casa nos insultan. Insultan nuestro dolor. Nuestra capacidad para recordar lo que vivimos. Los que violaron los derechos humanos deben cumplir sus condenas, en eso consiste la Justicia.

Los familiares de quienes sufrieron en carne propia el terror y la violencia de este conflicto armado merecen que el país exija justicia. Merecen que no olvidemos que aún hay miles de desaparecidos, que no pueden descansar en paz, porque aún hay fosas por exhumar y poco apoyo del Estado para esta dura labor. Merecen que el Estado los repare por su pérdida.

Lo merecen, no sólo por lo que les tocó vivir. Lo merecen porque su fuerza, su coraje, su incansable lucha por justicia nos ha permitido a todos como sociedad avanzar en la lucha contra la impunidad. A ellos y a ellas les debemos mucho. A ellos y a ellas nuestro homenaje y compromiso siempre. (1)Carlos Iván Degregori al recibir el premio de derechos humanos de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. 

"No creo que esto sea una reedición de Izquierda Unida"




El periodista Víctor Liza del diario La Primera, hizo esta entrevista a Marisa Glave, que se publica en la edición del lunes 15 de julio de 2013.

Desde la formación del Frente Amplio, han surgido voces hablando a favor y muchas en contra. ¿Por qué le temen tanto a las izquierdas?
—Sobre todo en contra (ríe). Entiendo el escepticismo de un sector, porque hay una historia previa que no augura el mantenimiento de la unidad. Por eso es importante que quienes han vivido esas etapas, no crean que va ocurrir lo mismo. Yo no viví esas etapas, junto a otros de mi generación, y no creo que esto sea una reedición de Izquierda Unida. No se trata de intentar revivir un proceso que no terminó bien. Estamos comprometidos a que esto funcione, necesitamos una izquierda responsable, con un proyecto renovador.

¿Cuál sería la diferencia?
—Este es un nuevo proceso que toma en cuenta no solo a las organizaciones políticas, sino a las organizaciones sociales. Tenemos claro que “un militante, un voto”, no puede ser solo un discurso; vamos a exigir que haya primarias que determinen candidaturas para procesos nacionales.

"No creo que esto sea una reedición de Izquierda Unida. No se trata de intentar revivir un proceso que no terminó bien"

¿Y los que están en contra?

—Hay un sector que no le gusta que haya una izquierda que cuestione. El consenso neoliberal, representado en algunos generadores de opinión, no admiten cuestionamientos al modelo extractivista por ejemplo. Consideran eso “un cuco”, sin darse cuenta que planteamos cosas mínimas.

Sobre las actividades extractivas, en el Frente Amplio hay algunas diferencias sobre ese modelo. ¿Cómo conciliar esas diferencias?

—Estamos entrando a un debate programático. Hay escenarios de transición. En el caso de mi partido, Tierra y Libertad, planteamos la bandera de la protección ambiental, que está equiparada a la justicia social. No planteamos la eliminación de la minería, sino que hay que ponernos de acuerdo en dónde y con qué condiciones. También es importante la consulta, no hay que tenerle miedo.

El presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, ha dicho que Susana Villarán no hace un "gobierno de izquierda" en Lima.
—La discrepancia es sana. Tenemos una izquierda diversa, con matices. Gregorio debe entender que Lima es mucho más difícil, porque es una de las regiones más conservadoras, donde la derecha tiene más peso, donde un gobierno progresista como el de Susana Villarán, antes de implementar reformas que garanticen la mejora de la calidad de vida para las mayorías, necesita promover la inversión privada.

Usted propuso la posibilidad de que Villarán postule a la reelección en Lima. ¿Tiene posibilidades de ser reelecta?

—Sí. Es cierto que las reformas demoran. La municipalidad ha ganado un premio de Buenas Prácticas por la Reforma del Transporte, pese al escenario de ataques políticos, que verá sus frutos en marzo del 2014.

"Las cosas no se hacen de la noche a la mañana. Quien crea que la revolución está a la vuelta de la esquina, está equivocado. Las grandes transformaciones requieren tiempo, seriedad, y a veces hay aliados en otros sectores"

Pero algunos analistas políticos, e incluso el líder de su partido, Marco Arana, han propuesto que sea usted la candidata a la Alcaldía de Lima...

–Yo creo que quien tiene que ser la candidata es Susana. Pero eso tendrá que discutirse entre las distintas fuerzas políticas del Frente, y los ciudadanos que se sientan representados en este espacio. En lo personal asumiré otros roles…

¿Qué otros roles? ¿Tal vez en el Congreso?

—De repente. Hay una posibilidad de asumir ese rol. Ahora, yo tengo 32 años, no se me va la vida, supongo que tengo cerca de 30 años por delante en la política. Volviendo al tema de la alcaldía de Lima, pienso que el Frente Amplio debe buscar alianzas con sectores de centro.

¿Como cuáles?

—Acción Popular, Somos Perú, Siempre Unidos… En Lima, un proceso de reforma como el que está llevando esta gestión municipal convoca al centro también. Sería interesante formar una plataforma más amplia. Pero eso se verá en el 2014.

¿No habría resistencias a esta idea en el Frente?

—La izquierda tiene una plataforma que puede ir avanzando en distintas etapas. Hay escenarios de transición. Las cosas no se hacen de la noche a la mañana. Quien crea que la revolución está a la vuelta de la esquina, está equivocado. Las grandes transformaciones requieren tiempo, seriedad, y a veces hay aliados en otros sectores.

¿Seguro que en las elecciones del 2014 y 2016, cierta prensa resucitará otra vez al “cuco” de la izquierda?

—Supongo que nos sacarán con el puño en alto, con la foto de Abimael Guzmán. Esos psicosociales que reabren heridas, van perdiendo peso. Siento que hemos demostrado que nuestra apuesta por la democracia es real, y de la misma manera nuestro compromiso con los derechos humanos.

RECUADRO

Así como ha lanzado a Susana Villarán para la reelección en Lima, ¿se animaría a lanzar a alguien para el 2016?


—Me gustaría que el frente tenga un proceso de elecciones primarias, donde podamos tener a los candidatos recorriendo al país, para acumular fuerzas y consolidar una bancada fuerte. Hay candidatos posibles como Marco Arana, probablemente Gregorio Santos, la misma Verónika Mendoza. No tenemos un “caudillo” que sea “candidato natural”.