domingo, 16 de marzo de 2014

El Frente Amplio y Venezuela

Miercoles, 26 de febrero de 2014 | 4:30 am

El pensamiento izquierdista se nutre de dos principios: la igualdad y la libertad. Ambos surgieron de la revolución francesa y son difíciles de armonizar. Por el contrario, se puede morir en el intento. Aunque al izquierdista mayoritario le importa la igualdad por encima de todo.
Por ello, el politólogo Norberto Bobbio sostiene que ser de izquierda implicaría creer que una mayor igualdad garantiza armonía y bienestar. Mientras que la derecha sostendría que la desigualdad es conveniente, porque motoriza el progreso. De ahí se desprende la postura izquierdista a favor de los de abajo y de la redistribución de la ganancia. Así, ser izquierdista significa apoyar todo lo que mejore las condiciones económicas y sociales de las clases populares.
Por esa razón, buena parte de la izquierda latinoamericana es chavista y ahora apoya a Maduro. Es decir, el comunicado del Frente Amplio se asemeja a discursos semejantes que circulan por toda América Latina. El punto es el mismo: Maduro despliega políticas públicas redistributivas y goza de sostén popular. Así se justifica su eslogan de “socialismo del siglo XXI”.
El problema surge al considerar el segundo factor: la libertad. Al igual que la igualdad, nació en Francia de 1879. Durante su etapa inicial y por muchos años, los partidarios de la libertad fueron parte de las izquierdas. El enemigo eran los conservadores monárquicos y todo lo popular era a la vez libertario e igualitario.

En la segunda parte del siglo XIX, liberales e izquierdistas se separaron. Los liberales se reunieron con los conservadores y formaron los partidos de derecha liberal que se esparcieron por todo Occidente. Mientras que las izquierdas se definieron por el socialismo, acentuaron el mensaje de clase y se posicionaron a forro por la igualdad.

A continuación se produjo la revolución bolchevique y apareció la URSS como patria del socialismo realmente existente. Con Stalin el divorcio entre igualdad y libertad fue muy pronunciado. Toda la historia del estalinismo está llena de represiones a rebeliones que buscaban una ventana de libertad en la sociedad burocrática. Así ocurrió en Berlín en 1953, en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968 y en Polonia de los ochenta.

Finalmente, el comunismo implosionó cuando el último jerarca, Gorbachov, pretendió reconciliar lo que Stalin había dividido. La glasnost y la perestroika desestructuraron la sociedad soviética en vez de enmendarla, trayendo abajo a la URSS.

Entonces nació una nueva izquierda, que vuelve a pensar en los esfuerzos de los anarcosindicalistas, que pretendieron combinar igualdad con libertad y que pensaron alternativas distintas al estatismo. Fue también el propósito de la socialdemocracia que construyó Europa desde una sensatez rosada, aunque hoy parezca otra cara del liberalismo.

Esa izquierda que busca igualdad con libertad se ve mal representada en gobiernos tipo Maduro. Se trata de nuevas versiones del nacionalismo populista latinoamericano. Ya sabemos que no conducen a la izquierda menos al socialismo.

¿Acaso Haya, Perón o Vargas acabaron en la izquierda? ¿Acaso Humala nos está conduciendo al socialismo? No. El nacionalismo populista termina en el restablecimiento de la oligarquía; cuando triunfa, lo hace por vía propia; es decir, se transforma en una nueva plutocracia, la “boliburguesía” de Venezuela actual.

Pero cuando el populismo pierde por un contragolpe de derecha, como amenaza al país Llanero, el principal perdedor es el pueblo, que debe soportar dictaduras derechistas como los militares argentinos por ejemplo.

En todo este desarrollo es un error comprometerse con regímenes tipo Maduro. Son represivos y atentan contra las libertades básicas, enfeudarse a ellos no conduce a nada.

Mejor es perfilar una voz propia, que combine principios igualitarios y libertarios, que salve cuando menos el prestigio de la izquierda contemporánea en el Perú. Un punto que parece ser menor para la cúpula de nuestro Frente Amplio.

Otra perspectiva sobre Venezuela


Domingo, 02 de marzo de 2014 | 4:30 am

Los fantasmas del pasado pesan sobre las interpretaciones del presente. Para la derecha, lo que ocurre en Venezuela evoca imágenes de Cuba 1959: un gobierno radical busca eliminar la oposición y consolidar una dictadura. La izquierda ve un escenario parecido a Chile 1973: un gobierno popular amenazado por un movimiento golpista apoyado (si no fomentado) por los EEUU. Ninguno de los dos escenarios es realista. Hay una enorme diferencia entre Cuba y Venezuela. El régimen cubano surgió de una revolución, basada en una insurrección violenta y el colapso del Estado. Los cubanos construyeron su propio Estado, que fue clave para la consolidación de una dictadura. El chavismo no surgió de una revolución (está sentado sobre el mismo Estado rentista que heredó en 1999). Como resultado, su capacidad de imponer una dictadura es limitada.

Las diferencias entre Venezuela y Chile también son enormes. El golpe chileno ocurrió durante la Guerra Fría, cuando la intervención militar era más factible y el gobierno norteamericano conspiraba con frecuencia contra los gobiernos de izquierda. En la época post Guerra Fría, el golpismo se ha vuelto mucho menos común. Sin la amenaza de la URSS, los EEUU tienen poco motivo para conspirar contra la izquierda latinoamericana. Los gringos no se volvieron demócratas, simplemente perdieron interés. No se preocupan mucho por los gobiernos de izquierda porque no son una amenaza. [El golpe contra Chávez de 2002, apoyado por los EEUU, es la excepción que prueba la regla. Rechazado por casi todos los gobiernos latinoamericanos, el golpe fracasó. El gobierno de Bush quedó aislado y la oposición venezolana pagó un precio enorme por haber apoyado.]

El chavismo no es revolucionario. Es populista. Como Perón, Chávez movilizó a las masas en contra de toda la élite, y ganó. Pudo hacerlo porque existía una amplia sensación de exclusión e injusticia en los sectores populares. Mucha gente pobre se sentía abandonada por los políticos y maltratada y hasta humillada por la élite social (cuya respuesta a la creciente desigualdad social fue construir paredes más altas y pedir más represión policial). Muchos venezolanos percibían que sus derechos como ciudadanos –y su dignidad como personas– no se respetaban. Chávez cambió eso. Su mensaje fue claro: bajo su gobierno, los pobres valían tanto como los ricos. Y no solo fueron palabras. Gracias al petróleo, Chávez gastó unos 300 mil millones de dólares en salud, educación, vivienda, nutrición y subsidios para los pobres. Y los niveles de pobreza, la desigualdad cayeron de una manera significativa. Como resultado, su aprobación fluctuaba entre 50% y 70% por casi una década. La situación actual es un legado del populismo. Hay un empate político difícil de romper. Por un lado, el chavismo ha perdido su mayoría. El proyecto chavista dependía demasiado de Chávez y del petróleo, ninguno de los cuales es sostenible. Maduro no heredó el carisma de Chávez, pero sí su lío económico. Mientras la aprobación de Chávez fluctuaba entre 50% y 60% en sus últimos años, Maduro ha caído a 40%. Esto se debe, sobre todo, al pobre rendimiento del gobierno: la alta inflación, la escasez y la tremenda inseguridad. Pero si el chavismo perdió las mayorías, la oposición todavía no las tiene.

Muchos creen que, como el gobierno de Maduro es autoritario, inepto y vulgar, la oposición representa las mayorías. Pero no hay evidencia de eso. Los mismos opositores reconocen que su apoyo no supera 45%, más o menos el nivel de Maduro. El anti-chavismo sigue siendo basado en los sectores medios. Las últimas protestas fueron fuertes, pero no llegaron a los barrios más pobres. Como el anti-fujimorismo en los noventa, entonces, el anti-chavismo no logra penetrar a los sectores populares. No tiene líderes de extracción popular. El último héroe de la oposición, el injustamente encarcelado Leopoldo López, fue alcalde de Chacao, uno de los distritos más ricos de Venezuela. El problema de Capriles, López y María Corina Machado no es que son fascistas (no lo son), sino que son pitucos.

Hoy el gobierno y la oposición enfrentan dilemas difíciles. Maduro es débil. No controla todo el chavismo o todo el Estado. Y enfrenta rivales internos que exigen una línea dura. Maduro sabe que debería negociar con la oposición. Pero ante un movimiento percibido como “golpista” o “fascista”, una actitud conciliadora puede provocar una rebelión interna. Dudo que Maduro tenga la fortaleza (o el coraje) para imponerse.

Pero una línea dura también corre riesgos. El chavismo nunca ha reprimido en serio. Chávez usaba un discurso radical, pero siempre evitaba el tipo de represión sangrienta que ocurrió en Cuba en 1959, México en 1968 o China en 1989. Matar a cientos de personas
–ante el riesgo del aislamiento internacional y una ruptura interna– requiere de un gobierno fuerte y cohesionado. Sin ello, la represión puede provocar el colapso del régimen, como en Ucrania. La oposición también enfrenta un dilema. Capriles ha sido muy cauteloso. Sabe que Maduro fue elegido, lo cual le da cierta legitimidad. Y sabe que una campaña de protesta promovida por participantes del golpe de 2002 puede ser tildado de golpista. En vez de ir a la calle, entonces había optado por esperar y dejar que el gobierno se debilite solo (algo que venía haciendo). Pero la base antichavista no quiere esperar. Muchos creen que si no paran ahora al gobierno, va a imponer una dictadura. Quieren seguir el ejemplo de los movimientos de protesta que tumbaron gobiernos autoritarios en Túnez, Egipto y Ucrania. Y cuando surgieron las protestas estudiantiles, vieron su oportunidad.

Las protestas movilizaron a mucha gente y dieron esperanza a los antichavistas. Pero tienen costos. Ayudan a unificar al chavismo. Y corren el riesgo de atrapar a la oposición aún más en la clase media, reforzando el empate y endureciendo el conflicto.
Maduro y Capriles saben que tienen que negociar. Pero presiones desde sus propios movimientos los empujan hacia la confrontación. Las consecuencias podrían ser feas.

Nota aparte: el Frente Amplio debió haber defendido los derechos democráticos en Venezuela. La izquierda se suicida cuando no defiende el derecho de protestar. Después de abrazar a un gobierno que criminaliza la protesta y cuyos paramilitares disparan a la cabeza de los manifestantes, ¿cómo se puede defender el derecho de protestar en Cajamarca?

La gran lección de Piñera

Exitosa: 13 de Marzo de 2014

El final del mandato de Sebastián Piñera en Chile debe ser cabalmente ponderado. Significa el cumplimiento airoso de la prueba de fuego de la democracia chilena: la llegada y salida democrática del poder de la derecha, luego de la dictadura de Augusto Pinochet.

Cuando Pinochet cae le suceden, como era previsible, diversos gobiernos de la izquierda, bajo el manto de la denominada Concertación (integrada principalmente por el Partido Socialista y la Democracia Cristiana). Estuvieron así en el Palacio de la Moneda, el bonachón Patricio Aylwin, el insufrible Eduardo Frei (gran enemigo del Perú), el frío e intelectualmente arrogante Ricardo Lagos y la pugnaz Michelle Bachelet. Recién en el 2010 logra la derecha retornar al poder en Chile, luego de 20 años de predominio izquierdista.

Visité Chile, invitado por el gobierno de ese país, cuando gobernaba Lagos y Bachelet era ministra de Defensa. Como parte del tour de entrevistas y conversaciones, tuve ocasión de hablar con Sergio Bitar, uno de los políticos más destacados de Chile, ministro de Estado en varias ocasiones y administraciones, y autor del libro Dawson Isla 10, en el que narra su experiencia en las prisiones pinochetistas.

En ese entonces se hablaba ya de la creciente fuerza de la derecha chilena que, a través de Joaquín Lavín o del luego presidente Sebastián Piñera, se acercaba al poder. Le pregunté a Bitar y su primera reacción fue decirme que si eso ocurría, implicaba el “retorno del pinochetismo” y que había que impedirlo a toda costa. Le comenté que si eso fuese así, suponía también un inmenso fracaso político de la izquierda chilena, ya que no había logrado encauzar a todo el país –y no solo a la izquierda– al redil democrático. Se corrigió y me admitió que su frase tenía más de munición electoral que de certeza y que efectivamente debía darse paso a la derecha y respetarla como adversario legal y democrático.

Al final, su temor inicial, extendido en la clase política, resultó infundado. La derecha pinochetista fue superada por una derecha igualmente promercado o proempresa, pero claramente institucional. Las cortesías democráticas exhibidas en la transmisión de mando, son el mejor símbolo de que Chile ya dio vuelta definitiva a una página oscura de su pasado. El reemplazo legal y pacífico de la derecha, al amparo de un estadista democrático como Piñera, contiene esa maravillosa lección.

El país en el limbo

Exitosa: 16 de Marzo 2014

Me aseguran que René Cornejo iba al Congreso con sus 47 votos (Gana Perú y PP) a favor, previendo unos 40 en contra de apristas, fujimoristas y otros líberos. Eso les dejaba (de una asistencia real de 120 congresistas) un poco más de 30 abstenciones, lideradas por el PPC. Ese cálculo se hacía sobre la conducta previa de las bancadas y aseguraba un triunfo ajustado.

Lo que sucedió después refleja el nulo conocimiento y la destreza política en el gobierno. Sin operadores propios en la jornada, los opositores que iban a votar “no” se aliaron con los abstencionistas, produciéndose en primera votación 71 abstenciones, 47 votos a favor y 0 en contra.

Si bien el Reglamento del Congreso no dice nada sobre esta situación -que parecería un triunfo del “Sí”-, un informe del 2003 de la Comisión de Constitución y Reglamento apareció. Según este, las abstenciones no pueden ser superiores a los votos por el “Sí”. Digamos, si 129 congresistas se abstuvieran y 1 votara a favor, no podría darse por aprobada una votación. Suena lógico. Por eso, la interpretación permite nuevas votaciones. La segunda votación movió 6 votos nacionalistas al “No”, pero Otárola levantó la sesión señalando que no se había admitido la cuestión de confianza. Y ahí entramos al limbo. ¿Hay o no hay gabinete? Hasta que el presidente del Congreso no notifique al presidente del Perú, nada está cerrado.

¿Por qué la oposición no vota “No”? Porque equivale a una censura. El Congreso solo puede censurar una vez. A la segunda, lo disuelven. La intención de la oposición es que el Ejecutivo no pueda operar (ministros sin confianza no pueden firmar nada), pero que no se cuente este evento para efecto de su disolución. Así, forzar una renuncia ministerial, pero sin efecto constitucional.

Y eso, para Humala, es inaceptable según mis fuentes. ¿Fecha límite? 24 de marzo, fecha en que vence el plazo de 30 días para otorgar confianza. Con una oposición por primera vez cohesionada, se vienen días muy complejos para un gobierno que ha demostrado ser una nulidad en política.

El regreso de la inquisición aprista

Exitosa: 13 de Marzo de 2014

La dirigencia aprista debe es­tar aterrada. No hay otra ex­plicación para la campaña de desprestigio contra el con­gresista Sergio Tejada, imputándole una conducta deshonrosa que solo existe en la mente perversa de alguien que no respeta a una niña de 10 años y a su madre.

Cuando el congresista era un jo­ven estudiante de 21 o 22 años, conoció a una joven brevemen­te. Ella quedó embarazada. A pedi­do de los padres de él, solicitó una prueba de ADN. La madre se negó rotundamente. No quiso que fue­ra reconocida por él, nunca acep­tó pensión y no le ha dicho a nadie quién es el padre de su hija. Ni si­quiera a la niña. Y no quiere que la niña siquiera conozca al supuesto padre, pese a los pedidos del con­gresista (cuyas pruebas he visto).

La madre está en su absoluto de­recho de guardar silencio y la ley la ampara. El Código Civil, art. 407, da la titularidad de la acción de re­conocimiento solo al hijo y, si es menor, a su madre. Ningún hom­bre tiene derecho a exigir pruebas de ADN sin consentimiento de la madre soltera. Ni siquiera lo per­mite la Ley 28457, de filiación ex­tramatrimonial, que exige que la acción la interponga quien tiene legítimo interés, es decir, los se­ñalados en el Código Civil. El úni­co caso de reconocimiento de hijo unilateral se hace por escritu­ra pública o por testamento, pero solo otorga derechos hereditarios. Ese no es el caso.

Conozco mujeres que no quie­ren decir quien las embarazó. Pero ahora el Apra quiere forzarlas a que por un auto de fe inquisitorial, lo digan. Es un abuso que, por mo­rirse de miedo de lo que dice una Comisión Investigadora, se lleven de encuentro uno de los pocos de­rechos que tiene la madre soltera peruana y abusen así de una fami­lia inocente.

La resaca que deja Secada

Exitosa: 12 de Marzo de 2014 

Pablo Secada ha renunciado a ser candidato a la Alcaldía de Lima por el PPC. Sale de la contienda con un juicio penal, la publicidad de su pésima relación de pareja y la sospecha de que un hombre brillante debe tener algún problema psicológico no resuelto para vivir tan dentro de sí mismo y tan fuera de la realidad. Sin embargo, no toca aquí hacer un juicio penal, ni psiquiátrico. Toca hacer un juicio político.

Pablo Secada era la esperanza de la renovación de cuadros - liberal, joven y tecnocrática- del ala de Lourdes Flores en el PPC. Marisol Pérez Tello, Alberto Beingolea y muchos otros estaban en esa lí­nea. La caída de Secada representa para ellos una derrota interna de la que no se podrán recuperar en mucho tiempo.

Pero de todos, la más grande perdedora es Lourdes Flores. Ha roto su propio récord. Ha perdido sin siquiera haber comenzado la carrera. Esto, otra vez, apunta a su más grave carencia. La incapaci­dad de tomar decisiones radicales –dolorosas, tal vez– que cualquier político con agallas tomaría.

Secada debió ser invitado a desaparecer de la escena cuando se revelaron sus problemas de pareja. En esa fase aún no había denuncias penales ni videos de maltrato verbal. Una salida dis­creta y penosa hubiera concluido el affaire. Pero, ¿qué hizo Lourdes Flores? ¡Una conferencia de pren­sa hasta con la señora!

El error es garrafal porque no tenía ni información completa, ni forma de reducir el daño al carácter del candidato. Y luego, al conocerse la denuncia penal, ya no había nada que hacer. ¡Pero no le bastó! Ha te­nido que salir un video vergonzoso para poner fin a la historia.

Si hay algo que un buen polí­tico sabe, es cuál es el momento de retirarse. Lourdes no aprende todavía esa lección.

La Parada, ¿ahora sí?

Exitosa: 3 de Marzo de 2014

La ciudad de Lima tiene varios problemas que afectan de forma más o menos severa la calidad de vida de sus nueve millones de habitantes: seguridad, transporte, acceso a espacios públicos y comercio de alimentos. Si hoy estas dificultades históricas hacen crisis es porque algunas de ellas jamás han sido atacadas de raíz.

¿Por qué no se resolvieron estos asuntos? Porque los costos sociales son altísimos. Millones de personas, muchas de ellas en pobreza, viven de la informalidad. La falta de regulación efectiva afecta a todos, pero su existencia favorece a otros que no pueden dejar de vivir en ella. Eso y el miedo al cambio que se teme para peor, ha paralizado toda iniciativa responsable y ha concentrado a los alcaldes populares en la construcción de obras públicas en las que se cosecha aplausos y, por supuesto, votos.

Mudar un Mercado Mayorista es pues una tarea desagradable porque los beneficios no son visibles para todos y los perjuicios sí lo son para algunos. La Municipalidad de Lima ha decidido hoy, en un operativo ordenado, clausurar administrativamente un lugar de su propiedad en donde un grupo de comerciantes se había atrincherado, uniéndoseles otros oportunistas que creyeron que en un año todo cambiaría y se harían gratis de un predio público.

Se equivocaron. Susana Villarán cerró La Parada sin ningún apoyo político explícito. ¿Le costará la reelección? Es lo más probable. El público de Lima apoya en las encuestas a los comerciantes. Ese voto popular que la llevó al poder la repudia por poner un orden que en realidad no desean. Pero ella se irá concluyendo un problema que estaba ahí, inconcluso por décadas. Y será recordada por esta causa. Eligió la historia antes que la quincena. Bien por Lima.

¿Y cuánto crees que va a durar este Gabinete?

Exitosa: 2 de Marzo de 2014

¿Durará este gabinete un poco más que el de Villanueva? Humala tiene ya cinco gabi­netes en dos años y medio de gobierno. Es el mismo número que Toledo y García nombraron en cinco años. Hay pues una brevedad notoria en este régimen.

¿Qué tienen en común la salida de Lerner, Valdez y Villanueva? En esencia, sus desacuerdos con Castilla y Nadine ¿Por qué duró más Jiménez Mayor? Porque supo alinearse con la ubicación exacta del poder que ya conocía, al haber sido ministro de Jus­ticia. Así, fue el perfecto “chi-che-ñó” que necesitaban el MEF y la primera dama. Jiménez hizo de su irrelevancia política su mejor aliada para durar en el cargo y le resultó bien.

Cornejo tiene ante sí un primer obstáculo: conseguir el voto de confianza del Congreso. Los fuji­moristas nunca lo conceden así, porque no es novedad su oposición a otorgarlo. Pero otras bancadas ya han manifestado su desacuerdo con el poder extraordinario e inconstitu­cional exhibido con arrogancia por la dupla Castilla-Heredia. No lo van a dejar pasar.

Este sería el momento para Corne­jo de tender puentes con el Congre­so y los gobiernos regionales, pero las declaraciones de la antidupla Humala-Cornejo solo parecen incen­diar puentes antes que tenderlos.

La feroz descalificación de Villa­nueva, la falta de respuesta política sobre el aumento a los ministros, las contradicciones sobre la RMV son la receta para un desastre que se aviva con regiones con menos canon, que no reciben ni siquiera un trato de mínimos modales por parte del MEF y una inversión privada parada.

Si Cornejo logra el voto de con­fianza, seguirá la receta de Jiménez para sobrevivir, a no dudarlo. Pero esta vez, dudo que le resulte. El rey está calato y el pueblo lo tiene, esta vez, a la vista.

Un deslinde Oportuno

Exitosa: 26 de Febrero de 2014

La alcaldesa de Lima Susana Villarán nos ha hecho llegar su pública protesta, por su presunta adhesión –de ella y de su Partido Fuerza Social– al comunicado del Frente Amplio de apoyo al régimen venezolano de Nicolás Maduro.

Villarán indica que, días antes de la emisión del comunicado que nunca apoyó, Fuerza Social emitió uno propio en el cuál se condena públicamente al régimen venezolano por autócrata y violador de derechos humanos. Así como también manifiesta su solidaridad con el pueblo que lo sufre. En carta pública, compara las luchas venezolanas contra Maduro con las luchas contra el fujimorismo y recuerda los vínculos nefastos de Montesinos con Hugo Chávez. Lamenta que nadie hiciera caso de su abierta discrepancia.

¿Qué significa esto para el Frente Amplio? Pues, como ya sucedió a una izquierda peruana siempre hipotecada a lo que sucediera fuera de nuestras fronteras, será un parte aguas, como lo fue tantas veces en otros procesos autocráticos y violadores de derechos humanos en Rusia, China o Cuba.

Susana Villarán y Fuerza Social se ponen del lado de la izquierda liberal (el sentido primigenio del término) que cree en los derechos fundamentales y en una organización del Estado basada en el principio democrático elemental de la separación de poderes. Ninguna de las dos cosas se respeta hoy en Venezuela o en Cuba.

Este paso, sin embargo, la obliga a abandonar la plataforma del Frente Amplio que solo le aportaba una inscripción posible: la de Tierra y Dignidad. Ahora tendrá que ir a buscar ayuda a otra parte, probablemente a Siempre Unidos, si quiere intentar la reelección.

¿Y el Frente Amplio? Será interesante ver a los exaliados de Villarán, probablemente con Marisa Glave a la cabeza, haciendo campaña contra ella. Cosas que veremos este 2014.

Castilla es quien parte y reparte en el Gabinete Cornejo

Exitosa: 25 de Febrero de 2014

En una primera mirada, cambiar 8 de 19 Ministros parece un cambio importante. Pero si se ve con cuidado, solo entran 5 nuevos ministros de los cuales una ya era funcionaria pública en el MIDIS. Lo demás no es más que una rotación para cubrir los espacios vacíos.

Más interesante es, pues, ver quien sale. Se fue el ministro de Energía y Minas, la ministra de la Producción y la ministra de Trabajo. Los dos primeros con problemas con sus gremios empresariales. La última en el centro de la polémica por la RMV. La reemplaza Ana Jara, en rotación del Ministerio de la Mujer para que quede claro que una incondicional de la señora Primera Dama no sacará jamás el tema del cajón.

Producción tenía un enfrentamiento abierto con la Sociedad de Pesquería; y en Energía y Minas, las quejas empresariales por la dilación burocrática son harto conocidas. En ambos sectores, Castilla quería hacer cambios hace tiempo con ministros que sean magníficos tecnócratas, pero en la justa alineación con el MEF. La salida de Villanueva ha sido faena redonda para Castilla. Coloca en la PCM a alguien con quien puede trabajar sin problemas. Saca del gabinete a los que daban molestias y coloca tres nuevas caras (Producción, Energía y Minas, Agricultura) controlando todos los sectores productivos. Todo eso sin asumir él mismo el cargo de presidente del Consejo de Ministros que le correspondería.

El nombramiento de Omonte en Mujer, ministerio inocuo para el MEF, es la concesión política al Presidente que requiere aliados parlamentarios. Y así, la jugada salió maestra, con chisme de salida del ministro de Economía incluido como para meter su poquillo de susto y presión. Pobre Villanueva, se dejó usar y le pasaron el camión por encima.

Tu cara me suena

Exitosa: 22 de Febrero de 2014

¿Cómo se llama el presiden­te del Consejo de Ministros? Podría apostar que si salgo a la calle a preguntar, nueve de cada diez no tienen ni idea. Por si acaso se llama César Villanue­va. Digo nomás, para escribir con el contexto debido.

Ayer la esposa del mandatario, que usa el plural como si goberna­ra, nos dijo lo que debíamos saber sobre Venezuela, Chile y la imposi­bilidad de subir el sueldo mínimo, contra las declaraciones de Villa­nueva el día anterior. Habló, man­dó y ejecutó.

Su esposo está de gira en países donde los derechos humanos de las mujeres (y en particular de las es­posas) andan bastante disminui­dos, por decir lo menos. No la lle­varon esta vez. Ya el protocolo con los países árabes en Lima causó una bronquita pública entre los es­posos. ¿Recuerdan?

Bueno, se quedó y decidió que Marisol Espinoza –hay que decir­lo porque nadie lo recuerda, vi­cepresidenta a cargo del despa­cho presidencial– no merecía ni un segundo de atención y ¡zas! regresó con las mismas que tanto se le han criticado. Parece que es irredimible. No hay forma de que entienda cómo le revienta el go­bierno a su esposo.

Uno esperaría que un presidente del Consejo de Ministros, al que no le acepta una sola propuesta para cambio de ministros, sospeche que no gobierna en nada. Pero, que un presidente del Consejo de Minis­tros sea corregido en público por la esposa de su jefe y no renuncie, esa no me la esperaba.

Hoy este pobre hombre ha dicho: “No me incomoda porque es una opinión y yo respeto todas las opi­niones a favor y en contra”. Bueno saberlo porque la de él no la respe­ta ni la mujer de su jefe.

Suicidio en la izquierda

Exitosa: 23 de Febrero de 2014

Solo escuchar el nivel de violen­cia verbal, maniqueísmo y lu­gares comunes de los setenta en la verborrea de Maduro, el autócrata venezolano, hace que uno se compadezca del pueblo que debe sufrirlo y se solidarice con aquellos que están hartos de vivir en un re­medo de democracia.

Venezuela está lejos geográfica­mente del Perú; sin embargo, desde que en la campaña del 2006 Humala metió a Chávez a la política interna, no ha dejado de ser un campo de ba­talla cómodo y cercano para la polí­tica peruana. Cualquiera puede defi­nirse frente al chavismo. Alan García logró ganar una elección presiden­cial con esa estrategia. Humala le ganó a Fujimori “deschavizándose”.

Sin quererlo, el régimen venezola­no marcó el campo de juego político peruano. Cualquiera que lea los re­sultados de los dos últimos procesos electorales nacionales sabe que para el votante la cercanía con el régimen del difunto Chávez es como kriptoni­ta para Superman: te mata.

¿Cómo entender entonces el co­municado de Frente Amplio? El mo­vimiento de izquierda que agrupa a Lerner, Santos, Lynch, Arana, Silva Santisteban, así como a los congre­sistas Dammert, Mendoza, Mávila y Rimarachín, entre otros; declara que lo que estamos viendo en la protes­ta en las calles de Venezuela es una “ofensiva golpista de la extrema de­recha contra el gobierno elegido de­mocráticamente”.

¿Es ese el modelo democrático para esa izquierda peruana? ¿De verdad creen que en Venezuela hay un “oligo­polio mediático”? ¿De verdad se tra­gan el cuento del fascismo de la extre­ma derecha financiada por la CIA?

Tal vez pues sean honestos con sus cuentos o, así como creen que la de­recha está financiada por la CIA, po­dría ser que el Frente Amplio esté apoyado económicamente por Ma­duro. Digo nomás. De repente. Por­que si no, ¿quién me explica este amoroso suicidio político?

Nuevos dilemas del PPC

Exitosa: 12 de Febrero de 2014

Hace pocos días recogía las preocupaciones del PPC en esta columna. ¿Será Pablo Secada el candidato para ganar las elec­ciones en Lima?

Hoy, conocidas las denuncias en su contra, la respuesta es no. Pablo es un gran profesional y estoy segura, una buena perso­na. Íntegra y honrada, no me cabe duda. Sin embargo, el con­texto electoral es el mundo de la percepción sobre la realidad. A ese mundo de imágenes entra perdido aun antes de arrancar.

Hay temas que son de una naturaleza muy sensible, tan­to que por pudor no los exhibi­mos quienes no somos funcio­narios públicos. Uno de ellos son los pleitos familiares. ¿Que todas las parejas los tienen? Por supuesto. Pero si la compañera de un candidato llega tres veces a una comisaría, las cosas son muy diferentes. Lo siento mu­cho. Los hechos verdaderos son irrelevantes. Quedarán en la conciencia de las partes. Lo que prima es la imagen de esos inci­dentes. Y esta es muy negativa.

El problema es que Pablo Se­cada parece estar fuera de la realidad de una campaña. Tiene una denuncia de fecha tan re­ciente como enero de este año. La solución no es minimizar el asunto y mucho menos exi­gir a su pareja que se desdiga en público. Lo que está hacien­do es mucho peor. Ella parece obligada a hacerlo, presentan­do la típica imagen de la mu­jer abusada y asustada. Así, él queda sometido al chantaje fu­turo de una nueva denuncia en cualquier momento crítico de la campaña.

¿Puede llevar el PPC a Pablo Secada como candidato en estas circunstancias?