domingo, 16 de marzo de 2014

Suicidio en la izquierda

Exitosa: 23 de Febrero de 2014

Solo escuchar el nivel de violen­cia verbal, maniqueísmo y lu­gares comunes de los setenta en la verborrea de Maduro, el autócrata venezolano, hace que uno se compadezca del pueblo que debe sufrirlo y se solidarice con aquellos que están hartos de vivir en un re­medo de democracia.

Venezuela está lejos geográfica­mente del Perú; sin embargo, desde que en la campaña del 2006 Humala metió a Chávez a la política interna, no ha dejado de ser un campo de ba­talla cómodo y cercano para la polí­tica peruana. Cualquiera puede defi­nirse frente al chavismo. Alan García logró ganar una elección presiden­cial con esa estrategia. Humala le ganó a Fujimori “deschavizándose”.

Sin quererlo, el régimen venezola­no marcó el campo de juego político peruano. Cualquiera que lea los re­sultados de los dos últimos procesos electorales nacionales sabe que para el votante la cercanía con el régimen del difunto Chávez es como kriptoni­ta para Superman: te mata.

¿Cómo entender entonces el co­municado de Frente Amplio? El mo­vimiento de izquierda que agrupa a Lerner, Santos, Lynch, Arana, Silva Santisteban, así como a los congre­sistas Dammert, Mendoza, Mávila y Rimarachín, entre otros; declara que lo que estamos viendo en la protes­ta en las calles de Venezuela es una “ofensiva golpista de la extrema de­recha contra el gobierno elegido de­mocráticamente”.

¿Es ese el modelo democrático para esa izquierda peruana? ¿De verdad creen que en Venezuela hay un “oligo­polio mediático”? ¿De verdad se tra­gan el cuento del fascismo de la extre­ma derecha financiada por la CIA?

Tal vez pues sean honestos con sus cuentos o, así como creen que la de­recha está financiada por la CIA, po­dría ser que el Frente Amplio esté apoyado económicamente por Ma­duro. Digo nomás. De repente. Por­que si no, ¿quién me explica este amoroso suicidio político?

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