Exitosa: 13 de Marzo de 2014
El final del mandato de Sebastián Piñera en Chile debe ser cabalmente ponderado. Significa el cumplimiento airoso de la prueba de fuego de la democracia chilena: la llegada y salida democrática del poder de la derecha, luego de la dictadura de Augusto Pinochet.
Cuando Pinochet cae le suceden, como era previsible, diversos gobiernos de la izquierda, bajo el manto de la denominada Concertación (integrada principalmente por el Partido Socialista y la Democracia Cristiana). Estuvieron así en el Palacio de la Moneda, el bonachón Patricio Aylwin, el insufrible Eduardo Frei (gran enemigo del Perú), el frío e intelectualmente arrogante Ricardo Lagos y la pugnaz Michelle Bachelet. Recién en el 2010 logra la derecha retornar al poder en Chile, luego de 20 años de predominio izquierdista.
Visité Chile, invitado por el gobierno de ese país, cuando gobernaba Lagos y Bachelet era ministra de Defensa. Como parte del tour de entrevistas y conversaciones, tuve ocasión de hablar con Sergio Bitar, uno de los políticos más destacados de Chile, ministro de Estado en varias ocasiones y administraciones, y autor del libro Dawson Isla 10, en el que narra su experiencia en las prisiones pinochetistas.
En ese entonces se hablaba ya de la creciente fuerza de la derecha chilena que, a través de Joaquín Lavín o del luego presidente Sebastián Piñera, se acercaba al poder. Le pregunté a Bitar y su primera reacción fue decirme que si eso ocurría, implicaba el “retorno del pinochetismo” y que había que impedirlo a toda costa. Le comenté que si eso fuese así, suponía también un inmenso fracaso político de la izquierda chilena, ya que no había logrado encauzar a todo el país –y no solo a la izquierda– al redil democrático. Se corrigió y me admitió que su frase tenía más de munición electoral que de certeza y que efectivamente debía darse paso a la derecha y respetarla como adversario legal y democrático.
Al final, su temor inicial, extendido en la clase política, resultó infundado. La derecha pinochetista fue superada por una derecha igualmente promercado o proempresa, pero claramente institucional. Las cortesías democráticas exhibidas en la transmisión de mando, son el mejor símbolo de que Chile ya dio vuelta definitiva a una página oscura de su pasado. El reemplazo legal y pacífico de la derecha, al amparo de un estadista democrático como Piñera, contiene esa maravillosa lección.

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