domingo, 30 de junio de 2013

130 actores en busca de un papel








El escandalito que usó el fujimorismo esta semana para embarrar a sus colegas del oficialismo sirvió para dejar en claro un asunto grave: nuestros congresistas no tienen ni la más remota idea de cuál es su rol.
La acusación fujimorista va por el tema de populismo clientelista que los congresistas oficialistas practican a manos llenas. Llenas, claro, con las incautaciones de bienes que hace Sunat, que, a su vez, son asignadas a entidades del Poder Ejecutivo. En este caso, el Ministerio de la Mujer adjudicó bienes a gobiernos municipales para su reparto individual previa “gestión” y recepción de algunos congresistas oficialistas. El ministerio y los aludidos han dejado bien en claro que la donación no es al congresista (que está prohibido de recibirlas de cualquier fuente) sino a diversas entidades del sector público que empadronan a sus beneficiarios. Hasta aquí no hay delito ni falta administrativa, aunque sí, como es obvio, clientelismo a cambio de votos, y de la peor clase.
Sin embargo, siendo entrevistados acusadores y acusados, surgió una línea ética bastante curiosa. Todos estaban de acuerdo en que era deber del congresista “gestionar” regalos, dádivas, ayudas (llámese como quiera) a favor de quien lo pida. La diferencia estaba, nada más, con la plata de quién se hacía. Es decir, el sector acusador; lo que estaba mal era únicamente el uso del recurso público. Pero si el recurso era privado o, mejor aún, propio, pues muy bien. Parecía entonces que la acusación al oficialismo era por no poner los regalitos en las manos de los 130 congresistas por igual.  La “democratización partidaria del clientelismo”, por llamarlo de algún modo, como bandera de lucha.
¿Para eso está el Congreso? Pues ellos creen profundamente que sí. Alguien les metió en la cabeza que el verbo “representar” significa “gestionar” trabajos en el sector público, expedientes en el Poder Judicial, obra pública grande o pequeña, escuelas, universidades, parques y hasta semáforos. ¿Por qué? Porque esas son las cartas de pedidos que reciben y en vez de dar un rotundo no, que es todo lo que merecen, creen, engañando a la población y a sí mismos, que tienen que tener un equipo de gente (pagada por nosotros) destinada a atender cosas que jamás debe atender un congresista. No se diga nada sobre los padrinazgos, Navidad del niño, chocolatadas y campeonatos deportivos. Listar las estupideces que un congresista cree que tiene que hacer está más allá de la dimensión desconocida.
¿Y quién legisla? ¿Quién hace control político? ¿Quién elige a las autoridades que manda la Constitución? Legislar es la primera y más demandante función de un legislador (¿no será por eso que los llamamos así?). Exige conocimiento, criterio, orden mental, ética, capacidad de argumentación, experiencia de vida, escuchar a las partes. Legislar es pues una tarea para gente inteligente, estudiosa, dedicada, minuciosa. ¿Eso parece ser un bien escaso en la política de hoy? ¿No genera interés? ¿No da portadas?
Legislar es una tarea que no puede ser delegada por el congresista porque solo él puede votar. Nadie más. Esa es la verdadera representación. 130 personas marcando sus votos en el nombre de 30 millones de personas. Con ese peso encima, con esa responsabilidad. Con la gravedad que significa hacerle el balance correcto al Poder Ejecutivo como tarea política central.
El desprestigio del Congreso está hoy en esto. Han olvidado lo fundamental: quiénes son y qué es lo que juntos representan. No quieren hacer docencia política y educar a su pueblo. Prefieren ir “gestionando” y creen que ahí es donde van a ganar el favor de unos miles. No han entendido que así es como ya perdieron el respeto de millones.

Nada más que mentiras

 





Alejandro Toledo está en graves problemas políticos, penales y familiares. Ha mentido ya tantas veces que, salvo que se le declare inimputable por grave alteración de la conciencia, va a tener que responder al posible señalamiento de delitos aquí y en Costa Rica.
En enero, cuando se conoció que su suegra era propietaria de una casa de US$ 3.750.000, mintió, y en grande. Nadie podía suponer que fuera capaz de inventarse un cuento tan elaborado para justificar la riqueza de su suegra como una doble viudez y una pensión grandiosa como víctima del Holocausto. Cuando apareció el segundo inmueble (negado antes) insistió en lo mismo pero añadió un préstamo de Scotiabank en Costa Rica a una señora de 86 años para comprar una casa y una oficina en Lima. El disparate comenzó a desmoronarse por absolutamente improbable.
La investigación de Panorama en Costa Rica y de Velaverde en Bruselas reveló que la pobre señora no solo no tenía un cobre partido por la mitad, sino que había constituido una sociedad a todas luces de fachada para el trasvase de capitales que no eran de ella. Toledo apareció en Lima y mientras lanzaba cifras confusas y papeles al aire, primero a Augusto Álvarez Rodrich y luego a los congresistas de la Comisión de Fiscalización, se iba enredando más y más. Frases vacías como “no soy abogado”, “¿usted conoce los negocios de su suegra?” o “no se lo permito”, además de la portátil que lo esperaba en la puerta del Congreso, no lo salvaron del sinnúmero de contradicciones en las que él mismo cayó. Contradicciones que, contrastadas con los documentos que finalmente dejó en el Congreso y el testimonio del corredor de inmuebles Paul Allemant, eran insalvables.
El puntillazo final se lo ha dado el abogado al que recurrió en Costa Rica, Melvin Rudelman, quien esta semana aceptó que fue el mismo Alejandro Toledo el que había solicitado la constitución de la empresa de fachada Ecoteva, llegando a proponer su nombre. El hecho había sido negado con énfasis. Pasadas las horas y los días, nadie ha desmentido ni al corredor ni al abogado. El silencio aquí habla por sí mismo.
A pesar de que el ex presidente Toledo ya no tiene el beneficio del antejuicio y debe ser investigado y procesado como cualquier ciudadano, es evidente que el trabajo de la Comisión de Fiscalización tendrá un impacto político y liquidará tanto sus aspiraciones presidenciales como el futuro de Perú Posible. Sin embargo, por más doloroso que esto sea para el gobierno en términos políticos, no debe ser impedimento para que se investigue un posible acto de corrupción. Hace mal el presidente Humala en alentar el encubrimiento parlamentario.
Es, sin embargo, en el campo penal donde Toledo deberá dar la peor batalla. Ser un mentiroso puede ser la ruina política, pero no lleva necesariamente a la cárcel. No poder explicar el origen de un dinero que se trasvasa de la cuenta de un amigo en dificultades financieras a inmuebles de una suegra milagrosamente beneficiada es el camino a la prisión. Máxime si puede probarse la participación directa de Toledo y su esposa tanto en la selección de los inmuebles a adquirir, como en la constitución de Ecoteva. Aquí y en Costa Rica se trata de conductas penadas con tipos penales tan graves como el de lavado de activos.
Si Alejandro Toledo quiere salvarse, al menos de la cárcel, tiene que empezar por decir toda la verdad a la Fiscalía. Y con lujo de detalles consistentes, explicar bien de quién es la plata y por qué había que hacerla recorrer tan tortuoso camino.

lunes, 10 de junio de 2013

El indulto que no podía llegar




Uno de los daños más sutiles y permanentes hechos al Estado de Derecho en el Perú es la extendida idea, comprobada en la historia, que quien está en el poder todo lo puede. Así, la ley es tan solo un mero artificio para instrumentalizar su voluntad,  la que sustituye de facto todo el sistema de separación y control entre Poderes, base de la democracia liberal. Esa herencia totalitaria que nuestra República debe a los militarismos y autocracias de los siglos XIX y XX llegó a su máximo esplendor durante la autocracia fujimorista dadas las dotes de leguleyo que exhibía Montesinos.
¿Cuántos ejemplos del uso de “formas” legales vaciadas de todo contenido podemos mencionar en el epílogo de siglo XX? Ahí están los “contratos” de coima con los dueños de los medios de comunicación; la “CTS” de Montesinos, que no fue sino dinero robado a través de un decreto supremo (la forma ante todo); o la mismísima re-reelección con un TC defenestrado en un proceso supuestamente legal en el Congreso, que permitió que un coimeado JNE emitiera una resolución de nuevo, supuestamente legal. Primero, la forma. ¿Y el contenido?: el capricho del poderoso maquillado de legalidad.
A raíz de la solicitud de indulto a Fujimori, he visto cómo esta manera de malentender la democracia tiene raíces profundas en el alma de los peruanos, aun de aquellos de la mejor voluntad. Millones han creído que en esta materia, como en otras, el presidente Humala podía hacer lo que le diera la gana por encima del estrecho margen que le deja la ley para conceder un indulto en estas particulares circunstancias.
Se justifica esta conducta en la “razón política”, aquella forma de justificar que el poderoso haga lo que quiera por encima de los límites impuestos por ley. He sostenido a lo largo de estos meses que tal razón política no existe en democracia. Hoy, si un presidente quiere usarla, terminará procesado o preso, como es el caso de Fujimori. La razón política es un rezago de casi 200 años de gobiernos autoritarios donde se usó impunemente. Justamente la mayor victoria del caso Fujimori fue acabar, paradójicamente, con ese ciclo. Muchos aún no lo aceptan o no lo entienden. Nadie está por encima de la ley. Nadie. Ni siquiera la esposa del presidente.
Cualquiera que haya leído hace meses el Reglamento de la Comisión de Gracias Presidenciales sabía, con la información médica pública disponible, que Fujimori no alcanzaba los requisitos para un indulto humanitario (no puede recibir uno común por prohibición de la ley peruana y de la jurisprudencia de la CIDH)  para enfermedad no terminal. Los males que padece no son incurables, degenerativos, ni progresivos, y las condiciones de la cárcel no agravan su condición. Si Humala lo hubiera indultado su resolución hubiera sido “legal” en la forma, pero inmediatamente impugnada por falta de motivación. Ningún ministro de Justicia habría firmado esa resolución a sabiendas de que sería inevitablemente procesado. El presidente no tenía, pues, otro camino que el tomado.
Fujimori puede y debe ser indultado el día que cumpla los requisitos que están objetivamente señalados en la ley, cuya proporcionalidad y racionalidad nadie ha impugnado formalmente. Mientras tanto, sus dolencias merecen, sobre todas las cosas, el trato humano que su propia familia y partidarios no le están dando. Su propia hija, que pide compasión, ha dejado de verlo hace meses. Un solo familiar directo lo visita regularmente, su hijo Kenji. El resto ha desaparecido del registro de visitas de la Diroes. Si el deber cristiano de visitar al que está preso significa algo para la familia Fujimori, habría que recordarles que la caridad empieza por casa.

El corredor corrido




Mi ciudad es bien chismosa. Como decía un buen amigo, el chisme “no alimenta pero entretiene” y a los limeños les encanta estar entretenidos. No suelo compartirlos con mis lectores porque, aunque los periodistas los comentamos, no sirven de nada en este trabajo en el que el rigor exige corroboración e interés público para que exista noticia. Pero todo periodista que se respete siempre tiene a mano un buen chisme para alegrar la conversación del tipo ¿has visto la remodelación que está haciendo Alan García en su casa nueva?, ¿ya te enteraste de la lista de intelectuales con los que está reuniéndose Nadine (a pedido de ella) para ir tanteando muy sutilmente su candidatura? o ¿sabes que traen a un colombiano como director de El Comercio? Cosas así, que se dejan caer y otras más picantes que esas, por supuesto impublicables.
Pero lo que les voy a contar no es un chisme aunque esa fue su apariencia original. Es decir, empezó como uno y se transformó en tremenda noticia. Luego de conocerse la compra de la casa de la suegra del ex presidente Toledo, circuló el chisme de que el corredor inmobiliario había sido estafado. Es decir, lo habían “abierto”. No parecía inverosímil, pero certeza no existía. El chisme daba cuenta de la clásica en estas operaciones: comprador y vendedor hacen un trato directo y nunca más llaman al corredor que los había puesto en contacto, ahorrándose para su propio beneficio la comisión. Feo, poco ético, pero no delictivo; aunque probablemente ilegal por incumplimiento de contrato.
Hace unos diez días me llamó Paul Allemant, corredor inmobiliario. Su padre fue mi profesor de derecho penal y él fue a su vez mi alumno. No lo había visto en 15 años. Me pidió una cita urgente y con lujo de detalles me explicó la forma en la que había perdido una comisión de casi 100.000 dólares por la conducta poco ética del matrimonio Toledo Karp. Luego de escucharlo, y ver su material, su testimonio resulta clave para el Ministerio Público y así se lo dije. Él me pidió guardar reserva de todo lo visto y conversado hasta hablar con sus abogados y familia, y así lo hice.
Otros medios de comunicación han revelado su identidad y la estafa, así que ya liberada de parte de la reserva puedo contar solo algunos detalles importantes antes de que él mismo dé su testimonio. Lo fundamental es que Allemant tiene cómo probar lo que afirma. He podido leer, aunque no quiso entregarlos, los correos electrónicos intercambiados desde el 2009 con la señora Eliane Karp. Desde esa fecha, hasta fines del 2011, se envió información, se concertaron citas, se puso condiciones y se mostraron –alega el corredor– no menos de 15 propiedades en Casuarinas que tenían como finalidad ser la vivienda del matrimonio. Jamás se habló de buscar casa para renta y mucho menos de una propiedad para la señora Eva.
Casuarinas tiene pocas personas dedicadas al corretaje. No es sencillo entrar y salir de la urbanización y la relación de confianza con los propietarios es fundamental. No es un trabajo de volumen y por los montos que se manejan la discreción es fundamental. El corredor puede invertir mucho tiempo hasta que logra el acuerdo correcto para todos. Su trabajo es, pues, a largo plazo.
Los últimos correos de enero y abril del 2012 son dramáticos. En ciudad chismosa, todo se sabe. Los Toledo averiguaron el nombre del propietario de la casa que les gustó y simplemente “abrieron” al corredor. Él lo supo y reclamó.  Nunca más le contestaron. Lo habían corrido.

La cuestión del Ex




Como los hombres, los pueblos también tienen sus romances, y el momento cumbre de estos se produce el día de las elecciones. Después de ese día, como después de una boda entusiasta con un novio al que no se le vieron bien los “peros”, las cosas son un caer y caer. Del amor a la indiferencia, al sarcasmo, al hartazgo y a veces al odio. Así, luego de cinco años de matrimonio, el presidente de los amores mal avenidos se convierte en el Ex.

El problema de nuestros Ex es que aspiran a volver a casarse sin poner mucho de su parte. Ya los conoces, ya sabes de sus mañas y difícil que te creas el cuento dos veces. Pero pasa que existe la remota posibilidad de que te vayas con el Ex porque el chico nuevo del barrio pinta peor. Y de esa esperanza viven nuestros ex presidentes.
Mientras tanto se compran cosas que no deben, con plata que no tienen y a cuenta de Dios sabe quién. Se bronquean a la mala y en la calle entre ellos, y con los nuevos pretendientes que quieren entrar al cortejo. Se acusan debajo de tu ventana, te prometen, te juran y te mienten con descaro. Parten a destinos exóticos, regresan, se vuelven a trompear y vuelven a partir mientras el nuevo marido trata de que el nuevo romance no termine.
¿Puede un presidente aprender a ser un buen ex presidente? Si en las relaciones humanas es difícil serlo, en las políticas lo es aún más. Y los nuestros han tenido la peor de las escuelas: el exilio y la huida.
Como en todas partes, el Ex puede ser bienvenido e incluso querido por la mayor parte de la familia. Pero esto requiere un trabajo consciente y constante. Lo primero, no cargarse el patrimonio familiar antes de partir para luego exhibirlo como propio cuando bien sabe la ex mujer, los hijos y toda la ex parentela que esas joyas son de la abuela.
Lo segundo, comportarse a la altura de quien se ha sido. Nada de escándalos públicos, de bienes mal habidos y peor explicados o de pugilatos verbales. ¿Podría un Ex ser venerable figura a quien se recurre de cuando en cuando, sin amor pero con amistad, a pedir consejo y compañía? Podría, ¿no? No hay muchos, pero hay. Y si abriga la esperanza de regresar, podría con serenidad y cierta dignidad esperar la oportunidad para volver a seducir al pueblo que fue su gran amor.
Y ahí está el problema. El Ex no puede ser humilde y compungido novio por su propia naturaleza. Ya estuvo en esa boda, con esa novia, y nadie le va a quitar lo bailado. Se siente propietario expropiado y con derechos sobre lo perdido. Saca del camino todo obstáculo. Ningunea y descalifica. Y lo hace a las patadas. Y el pueblo pretendido se sienta a ver el pugilato, cada día menos sorprendido por la exhibición de tremendos secretos de familia,  que aparecen uno tras otro, para darles trabajo a la Fiscalía, al Poder Judicial y al Congreso.
Nunca falta la voz en la familia que ruega que el Ex desaparezca o se mude bien lejos porque cuando merodea todos saben que habrá problemas. Lo mismo pasa con los ex presidentes peruanos. Si no saben portarse, mejor tenerlos lejos porque acaban presos para vergüenza pública. Y ya sabemos cómo termina esa historia. Con la familia rogando para sacar al Ex de la cárcel.

¿A quién le entregarías tu cartera?




Esta semana todo el país formal prepara sus Declaraciones Juradas de Impuesto a la Renta. Para cualquier persona, rica o pobre, ver sus ingresos anuales en blanco y negro y apreciar cuánto le quita el Estado es demoledor. Pero todos queremos y debemos creer que pagamos por un bien superior. La redistribución de la riqueza a través del Estado democrático no es un método perfecto para lograr la prosperidad de todos, pero es lo que tenemos a mano hoy día. “Pago con dolor, pero sé que es para mejor”. O quiero creer eso aunque los hechos históricos me demuestren lo contrario.
Cuando el embajador de Suiza en el Perú le anunció al primer ministro en las postrimerías del gobierno de Fujimori que habían detectado cuentas por más de 200 millones de dólares a Montesinos, así como otras cantidades a miembros de su banda, ya no hubo lugar para la sospecha. La certeza del asalto al Estado estaba ahí, delante de los ojos. Cuando se descubrió que Fujimori le regaló 15 millones de dólares a Montesinos para que escape, tampoco quedó dudas. Una lástima, porque el país no comprobó el robo al fisco sino hasta al final del régimen. Veníamos de un régimen tan corrupto, como el aprista, que creímos que estábamos vacunados contra la corrupción. Grave error.
Cuando la Comisión Investigadora del Congreso en 1991 encontró un desbalance patrimonial en el ex presidente Alan García, pocas dudas quedaron. Su departamento en París y sus desconocidos ingresos por diez años confirmaron lo que la justicia peruana no pudo. A diferencia de Fujimori, García esperó 10 años para volver cuando ya la prescripción le había alcanzado. Una lástima, esta vez, porque la justicia no encontró su camino. Su patrimonio, vaya que lo encontró.
Cuando el periodista Daniel Yovera reveló el escándalo Comunicore y se hizo evidente el asalto en banda a la Municipalidad de Lima, no quedaron dudas en la gente honesta que ahí se había robado y a lo grande. Tampoco le quedó dudas al fiscal que acusó y al juez que abrió el proceso. Si bien los denunciados han hecho todo lo posible para salirse del proceso y reciclarse políticamente, tarde o temprano serán condenados. O por lo menos esperamos que así sea para no perder la fe.
No es casualidad que todos los casos mencionados correspondan a los grupos políticos que hoy caminan de la mano. Casos que no involucran a un funcionario menor, que nunca falta, sino que alcanzan al líder mismo de la organización política. Sus adversarios no tienen estas acusaciones. Ni el PPC, ni Perú Posible, ni Fuerza Social, ni siquiera Acción Popular tienen este calibre de acusaciones, procesos y condenas.
¿Y al elector le importa? Parece que poco. Las organizaciones políticas más populares son las que mayores condenas por corrupción han enfrentado. ¿Será porque medio país no tributa directamente? ¿Será porque los impuestos indirectos como el IGV no generan conciencia de contribuyente? ¿Será porque quien tributa ha perdido toda esperanza de que su dinero se gaste con honestidad?
Lourdes Flores me dijo el viernes que le dejaría su cartera abierta a Susana Villarán pero no a García ni a su ex socio Castañeda. La derechista confía más en la roja. ¿A quién le vamos a entregar nuestra cartera en los próximos años? Lo mínimo es pedir que no me roben o que mis compatriotas no se dejen robar o encumbren nuevamente a quien lo hizo en el pasado.
La honestidad no es cuestión de ideología. O lo eres o no lo eres.

La herencia del SÍ





Si el Sí ganara la revocación, como lo anuncian todas las encuestas hasta hoy, sus promotores y partidos de apoyo tendrán que asumir algunas responsabilidades en los próximos años.
La primera y tal vez la más dura será el ser medidos con la misma vara con la que ellos han medido la gestión de Susana Villarán. No habrá margen para el error. No habrá comprensión para la tardanza, ni para el mayor gasto, ni para los imponderables. No habrá fenómeno climático, geográfico o político que justifique un retraso en nada de lo anunciado hoy y que la gente sí apoya.
Si, por ejemplo, en los días siguientes a la revocación de todas las autoridades ediles se invadiera La Parada (como ya se promete clandestinamente) para llevar de nuevo ahí el Mercado Mayorista de Lima, ¿quién se hará responsable?, ¿será culpa de Susana Villarán?
Si la ampliación de la avenida Javier Prado o la ampliación de la Vía Expresa de Paseo de la República o el nuevo puente Alipio Ponce no se construyen nunca, ¿de quién será la culpa?, ¿de Alan García o de Luis Castañeda Lossio? Si los contratistas en general no aceptan condiciones de contractuales impuestas por los nuevos administradores de la ciudad y resuelven sus contratos, ¿quién asumirá el costo por esos cientos de kilómetros? ¿Marco Tulio Gutiérrez? ¿Un “impresentable”, como él mismo se ha autodefinido, por el cual no votamos pero que es el mascarón de proa del trabajo sucio de Castañeda, que muerto de miedo no se atreve a dar la cara?
Cualquier alcalde de Lima tendrá que fijar a partir de hoy su horizonte de trabajo en dos años. Sus enemigos, poco interesados en lo mejor para Lima, tardarán eso en organizar una revocación. Y las víctimas de los anteriores procesos serán los primeros en unirse para sacar a sus anteriores verdugos. De eso no puede caber duda porque así es la política. Te doy lo que me das. Y de ese círculo vicioso, con una ciudad polarizada, no saldremos en muchos años.
Habría que advertir que la codicia no es buena consejera política. Las condiciones de oscuridad en que se manejaron gestiones anteriores serán irrepetibles porque los partidos perdedores, con otros procesos políticos a la vista, no perderán la oportunidad de resaltar cualquier detalle que demuestre que la corrupción ha regresado al municipio. Para ponerlo en claro, ya no van a poder robar como antes. Un Comunicore no lo van a tener tan fácil. Van a tener que desarrollar otras fórmulas tan creativas como lo fue esa en su momento. Y no van a tener éxito con tanta atención encima.
Las autoridades electas que tenemos son las que la mayoría ha elegido. Las autoridades revocadas son las que la minoría ha sacado del cargo. Esas son las reglas “democráticas” que impuso el gobierno aprista para crear un clima de perpetua inestabilidad política en los gobiernos regionales y locales.
Por eso hoy la revocación es un proceso ético. La ideología quedó fuera, pero nunca quedó afuera la moral. Este proceso ha puesto de un lado a los oportunistas y del otro a sus víctimas. Cada ciudadano se pondrá del lado que crea conveniente. Esperemos que decida sopesando bien las consecuencias a futuro de su decisión.
¿Mejora la calidad de vida de los limeños el tener alcaldes de dos años? No lo creo. Pero casi la mitad de los limeños cree que sí. Entonces, que asuman. Si ese es el camino que eligen, que no vengan después con quejas.

El problemita de la plata






Me dicen que las campañas presidenciales en países como Colombia, Ecuador o Argentina no cuestan menos de 10 millones de dólares por candidato. Sabemos que las de Estados Unidos, cuestan  cientos de millones siendo el financiamiento y los aportes de los donantes un factor determinante  para el éxito.
Aquí, solo en apariencia, todo es más modesto. Es muy difícil que un partido político declare oficialmente que ha gastado más de 1 millón de dólares en una campaña presidencial. ¿Por qué? Porque la mayoría de la plata es negra. No necesariamente del delito, o del lavado. Personas y empresas muy respetables quieren colaborar anónimamente por razones nada desdeñables. La primera es no quedar mal con el candidato que gane y al que no se le puso plata. La segunda, para que no vengan todos a pedirle. La tercera, porque de resultar ganador ¿cómo se le pide favores  sin que se suponga que está pagando el favor del aporte? Adicionalmente, el monto máximo de donación personal fijado por el JNE es tan bajo que muchos lo exceden con facilidad, por lo tanto, mejor ni aparecer.
¿Qué hacen los partidos para justificar algo de la recaudación? Tienen soluciones “creativas”. El cuento del “evento” suele ser muy recurrido (rifas, polladas, cenas) en donde obviamente no se recauda ni remotamente lo que se declara haber recaudado. También,  la modalidad aprista en la que se usa el padrón de militantes para que cada uno “done” una suma modestísima que multiplicada por miles justifica el ya modestísimo gasto.
Nada de esto es real. No son reales la venta de rifas, ni las donaciones de personas que viven en pobreza. Y mucho menos, el monto total de lo gastado.  ¿Por qué se miente? Porque nadie quiere ser el Rico Mc Pato en una campaña. El  “candidato de los pobres” no puede gastar 10 millones de dólares oficialmente sin que le organicen la consabida campaña (marca Lourdes Flores/Hugo Otero) de “candidato de los ricos”. Paradojas de la vida, el Apra debe haber gastado mucho más que el PPC el 2006, pero eso nadie lo sabrá.
Por eso, no debe sorprender que Marco Tulio Gutiérrez declare haber gastado 10.000 soles hasta el momento y que proyecte gastar 104.000 soles que podrían llegar a 140.000 soles. Eso, como sabemos, no alcanza ni para recoger las firmas y regalar los fideos de la Revocatoria. Pero en esta misma línea de ideas, tampoco puede sorprender que Fuerza Social declare que su proyección de gastos es 30.900  y que la del PPC es 13.500 soles, todos por aportes de los propios revocables.
¿Cifras ridículas? Por supuesto. Pero el JNE les ha pedido proyecciones al promotor y a los partidos revocables. El colectivo Ciudadanos por el NO, que dirige Anel Townsend tiene su propia contabilidad y ahí se paga lo fuerte: televisión, paneles, volanteo. Y no es un partido. Lo que ha hecho FS y el PPC es responder políticamente a los partidos Solidaridad Nacional y el Apra (verdaderos promotores del SÍ, que tampoco rinden cuentas) que no van a dejar pegarse la etiqueta de  “campaña millonaria”. Por ahora. Después del 17, lo que quieran.
“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, parece ser el lema. Sin embargo, ya es hora que el JNE pongan reglas inteligentes, iguales para todos y que estas se cumplan. No es tan difícil. Lo que hoy tenemos es un mamarracho que va a explotar el 2016, cuando entre el dinero del delito a la campaña.

Llegó la caballería







En las películas sobre la conquista del oeste de los Estados Unidos, el ataque de los nativos sobre los pioneros es uno de los momentos de mayor acción dramática. Si estos últimos ponen los vagones en círculo para hacer una barricada de muchos frentes, el fin está cerca. O no necesariamente, si es que a lo lejos se escucha la trompeta de la línea de caballería que llega milagrosamente al rescate.
Hace dos semanas parecía que los 40 del patíbulo habían ya puesto los vagones en círculo. Abriéndose todos los frentes posibles, metiendo tontamente la pata, “Los Revocables de Lima” se habían puesto en la mira de Solidaridad Nacional para ser aniquilados por un 60% de electores que declaraba querer dejar fuera del trabajo a Susana Villarán y a todo el concejo de Lima. Entonces, caída del cielo, llegó la caballería: el Partido Aprista y el paquete de argumentos más inútiles que puedan exhibirse para revocar a alguien.
Primero, la campaña millonaria.  Aquí no hay partido político que pueda tirar la primera. Campañas presidenciales mucho más caras y largas, que usan fondos secretos que jamás se han declarado, hemos tenido siempre. Lo que no puede hacer la publicidad es atosigar como lo hizo el Fredemo en 1990, pero gastar, vaya que lo puede hacer y el efecto será positivo. Los paneles del NO han resultado la inversión publicitaria más costo/efectiva de la historia. El producto, un simple NO en letras celestes, se ha reproducido gratis millones de veces en las redes sociales haciendo reír a los electores. Argumentar que eso cuesta millones deja a los del SÍ como tontos o como picones.
Segundo, el argumento Favre. El publicista es el tenebroso muñeco-cuco que el SÍ tiene que construir para tener con quién pelear. El problema es que el sujeto vive en Brasil desde donde maneja su exitosa agencia de publicidad, no da declaraciones y nadie lo ha oído (ni lo oirá) hablar públicamente. ¿Cómo pelear con un fantasma que no conoce el votante limeño? ¿Hugo Otero no puede darles algo mejor?
Tercero, la conspiración brasileña. Va unido al argumento Favre. Es decir, las “empresas” brasileñas (así, en plural) están apoyando a Susana Villarán porque tienen millones comprometidos en Lima. La verdad es que OAS tiene la concesión de Vía Parque Rímac pero si esta se compara con el monto de la inversión  brasileña en el gobierno aprista, con Cristo del Morro incluido (gentileza de Odebrecht), el brasileño sería el jefe de la caballería. Techo de vidrio, ¿no?
Cuarto, la conspiración Conga. Este viene así. Atención. El padre Arana se opone a Conga. El padre Arana pertenece a Tierra y Libertad. Tierra y Libertad apoyó a Fuerza Social en las elecciones municipales de Lima. Entonces Susana Villarán es Tierra y Libertad. Luego Susana Villarán es el padre Arana. Y se opone a Conga. ¿Mareados? El tamaño de la estupidez no merece mayor comentario salvo que: a) la Confiep apoya públicamente el plan de concesiones municipales; b) en la provincia de Lima no hay minas; y c), como es obvio, Susana Villarán no es el padre Arana.
A este cúmulo de errores se une una combi (con papeleta) como símbolo del SÍ, y unas conferencias diarias de la vocera de SN (que “no” está detrás de esto) para criticar unas obras que supuestamente no existían hasta hace unos días, eliminándose en una el argumento de la vagancia.  ¿Se necesita más para subir 10 puntos de un mes a otro?

¿Estamos locos, Lucas?








El lunes 18 de marzo del 2013 el jefe de la Onpe confirma que Susana Villarán ha sido revocada junto con todo el Concejo Metropolitano.  Alan García y Luis Castañeda celebran. No quieren atribuirse el triunfo públicamente pero el pueblo, generoso, los aclama. El Partido Aprista declara que el pueblo ha sido escuchado y el partido Solidaridad Nacional lanza su candidato a las nuevas elecciones: “El doctor Luis Castañeda Lossio”. Aparece masiva publicidad por toda la ciudad. Marco Tulio Gutiérrez declina ir en la lista de regidores porque prefiere ser asesor de revocatorias, a lo que se dedicará profesionalmente.
Pasan los días y el Concejo interino decide congelar, por prudencia y hasta que llegue un nuevo alcalde, la ejecución de proyectos en marcha. Los transportistas y taxistas celebran la victoria. En La Parada, un grupo de comerciantes invade el terreno destinado a parque. Barrio Mío nunca termina de realizarse. Comienza a fluir un sentimiento de desencanto y del  desencanto se pasa a la preocupación.  Revocada Susana Villarán ya no hay a quién echarle la culpa.
Hacia fin del 2013 se celebran elecciones y Castañeda gana holgadamente. Pero las cosas no son tan fáciles. Hay una corriente que comienza a extrañar los proyectos de orden y no aprecia la lentitud con que las que cosas se desenvuelven. Castañeda, que tiene que volver a ganar una elección en el 2014, se concentra en programas clientelistas ya conocidos y abandona todo intento integral de reformar el transporte público o el comercio mayorista, más allá de algunos maquillajes ya vistos. Sin embargo el problema mayor se da con los grandes contratistas de obras concesionadas. Serios problemas de renegociaciones se comienzan a observar. El proyecto de Javier Prado (que había concesionado Andrade y que Castañeda incumplió por 8 años) se vuelve a parar por tiempo indeterminado. El túnel de Santa Rosa, usado en desprestigio de Susana Villarán, no termina de iniciarse. No se concesiona nada más por la inestabilidad del propio Concejo que tendrá que irse en unos meses.
Un par de imponderables como huaicos y temblores que nunca faltan y el descontento crece.  Castañeda se reelige a fines del 2014, pero con las justas. Luego de un año de críticas y sinsabores, en el 2016 se inicia su propio proceso de revocatoria conducido por las fuerzas de izquierda en alianza con el PPC que, en insólita pero imparable alianza, recogen firmas mientras se desarrolla el proceso de elecciones generales. En abril del 2016 no sólo se tiene que elegir presidente y congresistas. Lima enfrenta su segundo proceso de revocatoria porque ya se recogieron las 400.000 firmas necesarias. Alan García, candidato presidencial sufre el golpe.
Es culpado, ya desde los años anteriores, de la inestabilidad permanente del Concejo de Lima y de lo poco que se ha podido lograr en estos años. García recuerda una y otra vez que él no tuvo nada que ver, que estuvo alejado de la política, que fue una decisión partidaria que él acató pero no compartió. Sus razones son poco creíbles. Su asociación con la revocatoria de Villarán, recordada a estas alturas como una víctima del más matonesco bullying político que recuerde el país, era evidente para todos.
En abril del 2016 Alan García no consigue pasar a segunda vuelta. Pero eso sí, Marco Tulio Gutiérrez, un hombre que ha hecho fortuna con las revocatorias en todo el país, llega por primera vez al Congreso en la lista del candidato presidencial Ciro Castillo, que por supuesto, pelea la segunda vuelta con Keiko Fujimori.

Cuando son los rojos los que privatizan







Hace unos días, una tubería matriz de Sedapal se rompió a las 2:00 am en Villa María del Triunfo. No vino nadie a ayudar a los desesperados vecinos y comerciantes hasta las 7:00 am. Cinco horas después y luego de miles de metros cúbicos de agua derramada, 300 familias pobres habían perdido todos sus bienes. Mercadería de pequeños comercios, menaje de casas en primer piso. Hasta algún auto terminó tapado de agua, así como el colegio público de la zona. Tres casas se perdieron por completo.
La emergencia reveló que Sedapal, empresa pública que en teoría atiende a 9 millones de habitantes, no tenía un sistema de atención rápida de emergencias ni bombas suficientes o de gran tamaño. Además su infraestructura es muy antigua y no recibe el mantenimiento adecuado. Felizmente sí tenía una póliza de seguro que cubrirá todos los daños pero, como es evidente, la prima del próximo año subirá, socializando así la pérdida que tendremos que pagar todos los usuarios. Tres días después del incidente el asunto estaba olvidado. Ninguna autoridad, funcionario, técnico, supervisor u obrero de Sedapal renunció o se le pidió renuncia alguna. El accidente se atribuyó a la antigüedad de la red y a la zona arenosa donde se encuentra la tubería. Todos felices, todos contentos.
La Municipalidad de Lima concesionó a privados un proyecto que en tiempos de Castañeda y en el mayor secretismo se llamó Línea Amarilla. Con la gestión Villarán se renegoció para mejorar sustancialmente las condiciones de los predios afectados así como otros beneficios a favor de la ciudad. Vía Parque Rímac es una obra muy importante para el transporte que puede llevar un camión de La Molina al Callao en 20 minutos, uniendo 11 distritos.
Esta última semana la obra tuvo un serio problema. Una pared colapso y el río se desbordó. El gerente del proyecto y la alcaldesa anunciaron que estaba previsto este evento. Hasta hoy no queda muy claro si esto era previsible o no. Lo cierto es que no hay casas destruidas, ni comercios o familias afectadas. Pero lo mejor es que los daños los asume el concesionario, porque –al privatizarse una actividad– el riesgo del negocio se traslada al empresario y el Estado no asume la pérdida. ¿Todos felices? No, de ninguna manera.
Compare usted el tratamiento político dado a los dos casos separados tan solo por días. Yo apoyo el retiro del Estado de actividades empresariales, sobre todo las de mayor riesgo. Sin embargo, directores de medios, que siempre han sostenido la misma causa, hoy son los primeros en minimizar el caso de incompetencia clamorosa de Sedapal y simultáneamente emprenderla contra la alcaldesa, próxima a enfrentar un proceso de revocatoria. ¿Lo ancho para la empresa pública y lo angosto para la obra privatizada? La inconsistencia ideológica solo puede ser explicada por la sinrazón de la política. Si fujimoristas y apristas privatizan, es bueno. Si la izquierda lo hace, es malo.
En marzo del próximo año no solo se define la permanencia de Villarán en el puesto. ¿Quién será consistente políticamente con sus ideas económicas? Y, como dijo Lourdes Flores en las elecciones del 2010, ¿quién se pondrá del lado de la decencia y quién del lado de la corrupción?
El 2013 traerá muchas cosas buenas para el Perú, estoy segura de que sí. Ojalá también mejore la calidad de nuestra política. Mientras tanto, tengamos todos ¡un feliz año!

¿Su peor hora?








La alcaldesa de Lima tiene que enfrentar un proceso de revocatoria el próximo marzo. Sus debilidades no son pocas. Su partido, Fuerza Social, no tiene un gran aparato político de cuadros activos ni es un partido de masas. Tampoco tiene aliados políticos importantes en Lima, salvo las fuerzas de izquierda que en la capital no representan un caudal mayoritario de votos. La experiencia de gobierno de su partido es mínima.
Cuando tentaron la alcaldía su plan era otro. Tal vez colocar algunos regidores y buscar una presencia en el Congreso. El retiro de Kouri de la campaña cambió la correlación de fuerzas y Susana Villarán, por una ventaja mínima, le ganó las elecciones a Lourdes Flores.
Ya en el poder, Villarán quiso diferenciarse de su antecesor, que había asociado hasta el último peldaño de cada escalera con su nombre, y eliminó su presencia publicitaria. Ni nombre, ni foto de la alcaldesa. Grave error. Sus obras no fueron asociadas a su gestión. Sus programas sociales, que buscan crear ciudadanía, son demasiado abstractos para los niveles socioeconómicos más bajos, a donde van dirigidos y donde peor le va a Villarán en las encuestas. Tampoco se asocian a su gestión las grandes obras públicas, las que por estar concesionadas se identifican más con el sector privado que con el municipio que las promueve. Las dos reformas más importantes de su gestión, transporte público y comercialización de alimentos, son bien recibidas en las encuestas pero tienen un costo social para votantes concretos y sus familias, y pocos resultados en el cortísimo plazo.
Ahí no terminan las debilidades. Villarán enfrenta a un adversario oculto, que juega sin dar la cara, escondido detrás de ciudadanos supuestamente independientes, lo que hace mucho más difícil una respuesta política. Ni siquiera el JNE le ha sido favorable a la alcaldesa. Por el contrario, ha admitido recursos que a otras agrupaciones políticas le hubiera rechazado y ha adelantado al máximo posible el proceso, fijando la fecha en marzo, contra todo precedente y con el riesgo de enfrentar problemas logísticos y presupuestarios.
¿Y cuáles son sus fortalezas? La primera, una gestión asociada a la honradez y la rectitud. Puede ser poca cosa en un país en donde “roba pero hace obra” es un manifiesto popular, pero puede ser también su mejor carta de presentación para demostrar que este proceso es un abuso. La institución es legal y constitucional pero carece de motivación. La segunda es que la tesis de que es una “vaga”, después de ocho paros de transportes y el desalojo, trágico aunque finalmente exitoso, de La Parada ya no puede ser sostenida por más tiempo. Tercero, tiene el apoyo del sector empresarial que ve peligrar la estabilidad de 1.200 millones de dólares en obra pública en ejecución y 3.000 millones de dólares más al finalizar su mandato. Así lo ha hecho saber la Confiep. Y,  cuarto, si sabe jugar políticamente, puede tener al PPC haciendo campaña con ella, y eso no es poca cosa en Lima.
Sus adversarios creen que Villarán está en su peor hora. Creo que se equivocan. Esta podría ser su mejor hora y el proceso de revocatoria, de remontarlo correctamente, su mayor triunfo. De su habilidad política dependerá el resultado final.

Toledo y el futuro del voto paniagüista


Domingo, 09 de junio de 2013 | 4:30 am 

Alejandro Toledo quedará en la historia como un buen presidente. A pesar de heredar una situación difícil, dejó el país con una economía sana y la democracia intacta. De hecho, el gobierno de Toledo será recordado como el padre del boom económico y la democracia más duradera de la historia peruana.
Pero el ciclo político de Toledo se ha cerrado. En realidad, cerró en 2011, cuando salió cuarto en una elección que debía ganar. Aun antes del escándalo inmobiliario, Toledo tenía pocas posibilidades en 2016. Seguía siendo relevante porque era el único repositorio del voto paniagüista.
El voto paniagüista es un voto del centro democrático. Se caracteriza por su antifujimorismo. Políticamente liberal, valora las instituciones democráticas y los derechos humanos. Es el voto cívico. El voto caviar.
En cuanto a la política económica, el voto paniagüista es más heterogéneo. Abarca gente desde el centro-izquierda social-democrático hasta el centro-derecha liberal. La mayoría apoya el modelo económico en términos generales, pero simpatiza con la idea de la inclusión social. Comparado con el voto PPKausa, por ejemplo, el voto paniagüista tiene menos alergia al Estado y más tolerancia por las políticas redistributivas.
Concentrado en la clase media urbana, el voto paniagüista representa quizás 15 o 20% del electorado. Toledo lo captó en 2001, pero Perú Posible no logró consolidarlo como base propia. El voto paniagüista se dividió en 2006: algunos votaron por Paniagua, pero otros optaron por Lourdes Flores como el “mal menor” más viable frente a García y Humala. Toledo volvió a ganar el voto paniagüista en 2011, pero perdió su hegemonía sobre ello: se le escaparon votos en su flanco derecho (hacia PPK) y su flanco izquierdo (hacia Humala).
Siempre antifujimorista, el voto paniagüista se unió detrás de Humala en la segunda vuelta.
Muchos paniagüistas parecían resignados (“condenados,” según Eduardo Dargent) a votar por Toledo en 2016, considerando el mal menor frente a Alan, Keiko, y tal vez Nadine. Pero el romance ya había desaparecido. Y con los últimos escándalos, se acabó la relación. Hasta La República, el diario de los paniagüistas, lo abandonó.
Con la salida de Toledo del escenario político, el voto paniagüista queda huérfano, sin candidato en 2016. Perú Posible, que siempre fue un instrumento personal de Toledo, es poco capaz de generar un sucesor (es probable que se convierta en un partido chico, como Somos Perú).
Con el centro democrático vacío, ¿dónde irá el voto paniagüista? No a Keiko, ni tampoco a Alan. Hoy el centro político está ocupado por el nacionalismo. Pero el nacionalismo –tan personalista como Perú Posible– solo tiene una candidata seria, Nadine Heredia, y su candidatura es ilegal. Dudo que Nadine postule, pero si lo hace, necesitará el voto paniagüista para competir con Alan y Keiko. No creo que lo consiga. Poco a poco, el gobierno de Humala está perdiendo el sector paniagüista. No hubo una ruptura definitiva, sino una lenta hemorragia de apoyo causado por una serie de actos: muchos paniagüistas de centro-izquierda fueron espantados por Conga y Valdés; muchos liberales se molestaron por Venezuela y Repsol. Y para casi todos los paniagüistas, el creciente protagonismo de los militares y las denuncias de espionaje desde la DINI huelen a fujimorismo.
Pero el problema fundamental para Nadine es que su candidatura depende de una jugada anti-institucional, una Ley Nadine o un fallo judicial sospechoso. Algunos progresistas defenderían la jugada diciendo que la ley original (la Ley Susana) era una barbaridad impuesta por un régimen autoritario. Pero cambiarla ahora, para beneficiar directamente a los que están en el poder, es otra barbaridad. Un atentado contra la institucionalidad espantará el voto paniagüista. Huele demasiado a fujimorismo. Así que Nadine no podrá ser la candidata paniagüista, por lo menos no en 2016.
Hay dos figuras que podrían haber sido candidatas paniagüistas. Desde la izquierda, si Susana Villarán hubiera tenido más éxito político como alcaldesa de Lima podría haberse establecido como una referente del centro democrático en el nivel nacional. Pero no lo logró.
Desde la derecha, Lourdes Flores no está lejos del centro democrático. Tiene una sólida imagen de demócrata e institucionalista. Y aunque siempre haya sido un poco conservadora para los gustos paniagüistas, ha trabajado con progresistas en varias ocasiones. De hecho, su apoyo a Susana Villarán en la Revocatoria la dejó mejor posicionada que nunca para captar el centro democrático. Quizás Juan Carlos Tafur tiene razón al señalar que 2016 sería “la hora de Lourdes Flores”. Pero Flores insiste en que no será candidata.
Dentro de la clase política, entonces, no parece existir una figura capaz de captar el centro democrático en 2016. Lo más probable, entonces, es que el voto paniagüista se disperse entre varios candidatos, diluyendo la influencia de este sector.
Fuera de la clase política, quizás la figura mejor posicionada para ganar el voto paniagüista es Gastón Acurio. No sé si Gastón sería un buen presidente (por lo general, los outsiders no lo son), y no estoy promoviendo su candidatura (que yo sepa, no quiere ser candidato a nada.) Pero hoy en día, Gastón Acurio representa el centro democrático peruano mejor que cualquier político peruano. Es un empresario exitoso que cree en el mercado y la globalización. Pero también cree seriamente en la inclusión social. Rechaza y hace campaña contra el racismo y la discriminación. Y la imagen de la comida peruana que promueve jamás se limita a los restaurantes finos de Lima. Se extiende al frutero de la esquina, a la cebichería del barrio, a las señoras del mercado, a la sierra, y a la selva. El Perú de Gastón es capitalista, pero es diverso, expansivo, inclusivo. (Además, Gastón es institucionalista. No habla mucho de política, pero cuando lo hace, se le sale el cívico.)
Para los que buscan reconstruir el centro democrático en el Perú pos Toledo, Gastón podría ofrecer una receta.
¡La próxima columna desde Lima!

¿Una Democracia de los Insider?


Domingo, 26 de mayo de 2013 | 4:30 am

Hace 25 años que reina la política de los “outsider” en el Perú. Con el colapso de los partidos, el juego electoral se abrió, permitiendo la elección de novatos políticos a la presidencia (Fujimori, Toledo, Humala), al Congreso (empresarios, voleibolistas, pastores, comentaristas deportivos, vendedores de fotocopiadoras) y a un gran número de alcaldías y gobiernos regionales.
Nos acostumbramos a esperar el nuevo outsider en cada elección. Ya empezó la especulación para 2016. ¿Será Antauro? ¿Gregorio Santos? ¿El padre de Ciro Castillo?
Pero en realidad, las elecciones presidenciales ya no son juegos de outsiders. Al contrario: como observa Mauricio Zavaleta, son dominados cada vez más por los “viejos conocidos de la política”. En 2001, compitió un ex presidente (García) con Alejandro Toledo y Lourdes Flores. En 2006, compitieron dos ex presidentes (García y Paniagua), Flores de nuevo, y un outsider (Humala). En 2011, no hubo outsider entre los candidatos mayores: solo un ex presidente (Toledo), la hija de un ex presidente (Keiko), dos ex candidatos presidenciales (Castañeda y Humala) y un ex premier (PPK). Y si los precandidatos no se matan entre ellos antes de tiempo, 2016 sería muy parecido: dos ex presidentes (Toledo, García), la hija del ex presidente y quizás la esposa del presidente. Lejos de la política de los “outsider,” las elecciones presidenciales peruanas se han convertido en un juego de los “insider.”
¿Qué pasa? Creo que la creciente sensación de déjà vu en las elecciones presidenciales se debe a una combinación de dos factores. Primero, con el colapso de los partidos desaparecieron las carreras políticas en el Perú. En las democracias establecidas, casi todos los políticos nacionales siguen una carrera política. Ascienden por las filas de su partido y ocupan varios cargos electivos antes de convertirse en “presidenciables”. Han sido líderes partidarios (Lula, Lagos, Calderón), gobernadores (Néstor Kirchner, Peña Nieto, Uribe) o congresistas (Cardoso, Mujica). Estas carreras institucionales garantizan un flujo más o menos constante de nuevos políticos nacionales.
En el Perú, estos caminos institucionales no existen. Los partidos ya no generan nuevos políticos nacionales, como alguna vez hicieron con políticos como García, Flores y Paniagua. Gracias, en parte, a la debilidad de los partidos, el Congreso tampoco sirve para hacer una carrera política. En 2006 y 2011, solo 18% de los congresistas fueron re-elegidos. Es un Congreso lleno de novatos, no de políticos profesionales.
Ningún presidente regional ha saltado con éxito a las grandes ligas. Intentaron algunos (Yehude Simon, Vladimiro Huaroc), pero sin demasiado éxito.
Con la excepción de Lima, las alcaldías tampoco sirven para lanzar una carrera política nacional. De hecho, la alcaldía de Lima es el único cargo electo que sí sirve como trampolín a la política nacional.
No existen, entonces, caminos institucionales a la presidencia en el Perú. Ni los partidos ni el Congreso ni los gobiernos locales generan un flujo de nuevos políticos nacionales. Como consecuencia, la puerta queda abierta para los outsiders.
Pero –y este es el segundo factor– ya no estamos en el Perú de 1990. Hace 25 años, debido a la profunda crisis que vivía el país, muchos peruanos estaban dispuestos a apostar por un “outsider”, un desconocido total. La elección de 1990 fue un verdadero salto al vacío. Mucha gente que votó por el desconocido Fujimori lo hizo porque creía que cualquier cosa sería mejor que el statu quo. Si el statu quo es el colapso económico, la hiperinflación y la creciente violencia senderista, y si la clase política parece incapaz de cambiarlo, un salto al vacío no es una locura. Para una gran parte del electorado, no había mucho que perder.
Veintitrés años después, la situación es distinta. Ya no hay crisis. Después de una década de boom económico el electorado se ha vuelto más conservador, no (solo) en términos ideológicos sino también en su comportamiento político. Hoy, muchos peruanos consideran que sí tienen algo que perder, y como consecuencia, pocos quieren la incertidumbre de un desconocido total. Los votantes no son tontos. Como escribe Mauricio Zavaleta, quieren información sobre los candidatos. En la mayoría de las democracias, los partidos son la fuente principal de esta información. Donde no hay partidos, la información sobre los candidatos es escasa y mucha gente termina optando entre los “viejos conocidos.”
Si la ausencia de partidos y carreras políticas dificulta la generación de nuevos políticos nacionales, y al mismo tiempo el electorado ya no está tan dispuesto a apostar por los outsider, el universo de presidenciables se reduce a un grupo pequeño de figuras conocidas: ex presidentes; hijos de los presidentes; esposas de los presidentes; burgomaestres limeños (Castañeda); y algunos ex premier (PPK). César Acuña intenta unirse al club a través de una extraordinaria inversión de su propio dinero, pero hasta ahora no ha logrado hacerlo.
Sin la renovación política generada por partidos institucionalizados, pero sin ganas de apostar por los desconocidos, el electorado peruano enfrenta, cada cinco años, una especie de déjà vu electoral. Si se mantiene esta tendencia, es probable que se profundice el descontento político en un país que ya sufre demasiado descontento político. La gente se quejará de los “mismos políticos de siempre.” Eventualmente, la percepción de una clase política atrincherada en el poder podría favorecer el surgimiento de un outsider populista que promete tumbarla.
Pero si surge el populismo de nuevo, no será culpa de los partidos. No es la partidocracia la que mantiene a los “viejos conocidos de la política”. Es la ausencia de los partidos.
Nota aparte: la denuncia de Fernando Rospigliosi de que el gobierno está espiando a políticos y periodistas a través de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) es preocupante. ¿Quién la va a investigar? En el Perú, el Congreso, el Poder Judicial y los medios siempre investigan con más entusiasmo a los ex gobernantes que a los gobernantes actuales. Eso no está bien.