Domingo, 17 de febrero de 2013 | 4:30 am
Me dicen que las campañas presidenciales en países como Colombia, Ecuador o Argentina no cuestan menos de 10 millones de dólares por candidato. Sabemos que las de Estados Unidos, cuestan cientos de millones siendo el financiamiento y los aportes de los donantes un factor determinante para el éxito.
Aquí, solo en apariencia, todo es más modesto. Es muy difícil que un partido político declare oficialmente que ha gastado más de 1 millón de dólares en una campaña presidencial. ¿Por qué? Porque la mayoría de la plata es negra. No necesariamente del delito, o del lavado. Personas y empresas muy respetables quieren colaborar anónimamente por razones nada desdeñables. La primera es no quedar mal con el candidato que gane y al que no se le puso plata. La segunda, para que no vengan todos a pedirle. La tercera, porque de resultar ganador ¿cómo se le pide favores sin que se suponga que está pagando el favor del aporte? Adicionalmente, el monto máximo de donación personal fijado por el JNE es tan bajo que muchos lo exceden con facilidad, por lo tanto, mejor ni aparecer.
¿Qué hacen los partidos para justificar algo de la recaudación? Tienen soluciones “creativas”. El cuento del “evento” suele ser muy recurrido (rifas, polladas, cenas) en donde obviamente no se recauda ni remotamente lo que se declara haber recaudado. También, la modalidad aprista en la que se usa el padrón de militantes para que cada uno “done” una suma modestísima que multiplicada por miles justifica el ya modestísimo gasto.
Nada de esto es real. No son reales la venta de rifas, ni las donaciones de personas que viven en pobreza. Y mucho menos, el monto total de lo gastado. ¿Por qué se miente? Porque nadie quiere ser el Rico Mc Pato en una campaña. El “candidato de los pobres” no puede gastar 10 millones de dólares oficialmente sin que le organicen la consabida campaña (marca Lourdes Flores/Hugo Otero) de “candidato de los ricos”. Paradojas de la vida, el Apra debe haber gastado mucho más que el PPC el 2006, pero eso nadie lo sabrá.
Por eso, no debe sorprender que Marco Tulio Gutiérrez declare haber gastado 10.000 soles hasta el momento y que proyecte gastar 104.000 soles que podrían llegar a 140.000 soles. Eso, como sabemos, no alcanza ni para recoger las firmas y regalar los fideos de la Revocatoria. Pero en esta misma línea de ideas, tampoco puede sorprender que Fuerza Social declare que su proyección de gastos es 30.900 y que la del PPC es 13.500 soles, todos por aportes de los propios revocables.
¿Cifras ridículas? Por supuesto. Pero el JNE les ha pedido proyecciones al promotor y a los partidos revocables. El colectivo Ciudadanos por el NO, que dirige Anel Townsend tiene su propia contabilidad y ahí se paga lo fuerte: televisión, paneles, volanteo. Y no es un partido. Lo que ha hecho FS y el PPC es responder políticamente a los partidos Solidaridad Nacional y el Apra (verdaderos promotores del SÍ, que tampoco rinden cuentas) que no van a dejar pegarse la etiqueta de “campaña millonaria”. Por ahora. Después del 17, lo que quieran.
“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, parece ser el lema. Sin embargo, ya es hora que el JNE pongan reglas inteligentes, iguales para todos y que estas se cumplan. No es tan difícil. Lo que hoy tenemos es un mamarracho que va a explotar el 2016, cuando entre el dinero del delito a la campaña.

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