miércoles, 25 de diciembre de 2013
Hasta Pronto
Termina el año 2013 y es obligado hacer un modesto balance de nuestra siempre modesta vida política. Desde la sesgada óptica limeña los personajes centrales del año han sido los ex presidentes García, Fujimori, Toledo y por cierto el presidente Humala. Ollanta Humala está bajo el fuego de los dos primeros y sometido a una alianza precaria con el último. Las relaciones de estos cuatro personajes son determinantes para lo que queda del gobierno, pero tal vez no para las elecciones del 2016.
El indulto frustrado a Fujimori y el juicio por los diarios chicha, el informe final de la Megacomisión que investiga a García y su gobierno, el caso Ecoteva y las inversiones inmobiliarias del amigo de Toledo, han desgastado –y en el caso de Toledo liquidado– a los potenciales candidatos del 2016, incluyendo a Keiko Fujimori como representante de su padre. La última “limpiada” a García por parte del Ministerio Público puede salvarlo de una acusación penal, pero no le suma un solo voto como tampoco el escándalo de haber conmutado penas de narcotraficantes que incluso ya estaban libres. Todo hace pensar, en este contexto, que la mesa está servida para caras nuevas y nuevos liderazgos.
Tenemos al frente un gobierno aislado, que se empantanó en el tema de Repsol, como lo hizo el año anterior en Conga. La relación delicada con la inversión privada se resquebrajó este año por culpa de la necedad y vaguedades inoportunas del propio Presidente. Las consecuencias en la caída de la confianza se vieron el resto del año. A ello se suma el escándalo López Meneses, cuyas hipótesis todavía no pueden ser correctamente contestadas desde el gobierno dejando la sensación del encubrimiento y la impunidad, tan comunes y tan frustrantes en la vida cotidiana de los peruanos.
Tampoco puede mostrar el gobierno resultados en temas críticos para los peruanos a los que supuestamente quiere incluir. Ni en educación, ni en seguridad, ni en justicia, ni en salud (es decir, en los servicios básicos universales para la población excluida) se pueden exhibir indicadores de logros relevantes. No es que no se haya hecho nada. Por el contrario. El gasto público es significativo en estos sectores y hay algunos programas nuevos que son exitosos para sus objetivos. El problema es que mientras los niños no aprendan, las calles no sean seguras, los juicios duren mil años y la espera para una consulta médica o una operación dure otros mil, nada se habrá avanzado en lo sustancial. Y esa fue la oferta de inclusión de Humala.
Una ilegal e inmoral postulación de Nadine Heredia, que no fue desmentida contundentemente a tiempo, agravó la caída de la popularidad del régimen. Y los dos primeros ministros en este año, a los que no se les deja juego propio, no contribuyen en nada en bajarle el perfil a la primera dama, la única persona en la que en realidad confía el Presidente. Todos los que lo ayudaron a llegar y eran de su confianza en el Ejecutivo, ya no están. A la gran mayoría, incluyendo su ministro de Economía, los conoció luego de electo.
La revocatoria en Lima también fue tema central este año. Susana Villarán –pese a sus bajos indicadores de aceptación y a la más salvaje y mentirosa campaña mediática que se haya visto contra funcionario elegido– salvó el puesto, pero perdió a sus regidores. El PPC jugó un papel central en su rescate y en el de las grandes obras de infraestructura vial y reformas de transporte y comercialización que veremos el 2015 o 2016, si quien venga no las arruina.
Y así termina el año. Y también, con pena y con gratitud termina mi participación en La República. Desde que en el 2011, gracias a la generosidad de Gustavo Mohme, colaboro en estas páginas he encontrado verdad, rigor y solidaridad. Los valores que toda redacción de prensa debe tener están aquí y los voy a recordar siempre con cariño. Emprendo un nuevo proyecto en unas semanas y desde ahí, por supuesto, continuaré con las luchas que nos unieron aquí. Muchas gracias a todos.
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