Domingo, 03 de mayo de 2015 | 4:30 am
Ante la enorme ventaja que lleva Keiko Fujimori en las encuestas, muchos medios han declarado que “si las elecciones fueran hoy, Keiko sería presidente”. Pero eso sería cierto solo si las elecciones se llevaran a cabo en México, donde no hay segunda vuelta.
Es probable que Keiko salga primero en la primera vuelta electoral de 2016. Pero hay dos vueltas. Y saltar del 34 o 35% que tiene hoy al 50% necesario para ganar la segunda vuelta es, para Keiko, un enorme desafío.
Para un candidato polarizador como Keiko (querido por parte del electorado pero odiado por otra parte), la segunda vuelta puede ser fatal. Su núcleo duro de simpatizantes leales constituye un piso electoral que ayuda mucho en la primera vuelta. Llega a 30% o 40% del voto con facilidad. Pero es una espada de doble filo: el piso electoral viene acompañado por un techo.
Los candidatos polarizadores generan más anticuerpos que otros candidatos. Muchos se atrapan en un gueto electoral, y su triunfo en la primera vuelta se convierte en un segundo lugar en el ballotage.
En 1990, por ejemplo, Mario Vargas Llosa lideró las encuestas durante toda la campaña y ganó la primera vuelta con 33%. Su discurso ultraliberal fue muy atractivo para algunos, pero espantó a muchos más. El Fredemo se convirtió en un gueto liberal, y Vargas Llosa solo obtuvo 38% en la segunda vuelta.
Otro ejemplo es Ollanta Humala en 2006. Su campaña antisistema generó mucho apoyo en el interior. Ganó la primera vuelta con 31% del voto. Pero su radicalismo no le sirvió en la segunda vuelta. Con el boom económico, ya no había una mayoría a favor del cambio radical. Humala no se adaptó, y fue tildado de chavista –con mucho éxito– por Alan García. El electorado limeño se asustó y votó masivamente por García.
Los candidatos polarizadores necesitan una buena estrategia de segunda vuelta —un plan para ampliar a su coalición y matar (o por lo menos reducir) a sus anticuerpos.
Lula hizo eso en 2002. Eliminó toda referencia al “socialismo” de su plataforma, seleccionó a un empresario conservador como su vice, y lanzó una campaña electoral (“Lula paz y amor”) diseñada para no asustar a la clase media. Amplió su coalición y ganó.
Otro ejemplo es Ollanta Humala 2.0. Castigado por su radicalismo en 2006, Humala se adaptó en 2011. Abandonó su discurso antisistema, se distanció de Chávez, y adoptó una bandera que no asustaba a nadie (salvo a El Comercio): la inclusión social. Como la transformación de Humala empezó antes de la primera vuelta, su acercamiento al centro durante la segunda vuelta –Hoja de Ruta, alianza con Vargas Llosa– fue creíble. Fue tildado de chavista de nuevo, pero esta vez no funcionó.
Hoy PPK está construyendo una estrategia de segunda vuelta. PPK también es polarizador: es un economista liberal cuyos amigos (con apellidos como De la Puente Wiese) y color de piel (y de pasaporte) lo asocian más con la derecha pituca que con el votante promedio. Aunque su apoyo limeño podría llevarlo a la segunda vuelta, PPK sabe que su imagen de tecnócrata gringo no sirve para el ballotage. Y ya empezó a reposicionarse, contratando a Luis Favre, buscando aliados fuera de la derecha limeña, y hasta autoproclamándose “progresista.”
Keiko Fujimori es, por herencia, una candidata polarizadora. El fujimorismo sigue generando anticuerpos que hace difícil llegar al 50% del voto. Sí, Keiko obtuvo el 48.5% del voto en 2011, pero lo hizo contra un rival extraordinariamente defectuoso. Si Keiko no pudo llegar al 50% contra Ollanta Humala, es posible que no pueda contra nadie.
Keiko, entonces, necesita una estrategia de segunda vuelta. Las encuestas actuales sobre intención de voto en la segunda vuelta son inexactas. Subestiman las dificultades que tendrán el fujimorismo en el ballotage. Desaparecida la amenaza humalista, el fujimorismo-antifujimorismo será el eje dominante de la segunda vuelta. Keiko tendría que enfrentar una amplia coalición “republicana,” que abarca no solo izquierdistas y caviares sino también gran parte de la derecha. El apoyo del Grupo Comercio en 2011 fue un acto de desesperación, no de amor. Si el rival de Keiko en 2016 no es Humala sino un candidato de centro-derecha, el Grupo Comercio estará en el otro lado (junto con los caviares).
El resurgimiento del antifujimorismo beneficiaría a cualquier rival de Keiko en la segunda vuelta. Frente a Keiko, García se transformaría en un gran republicano –casi un caviar. Y PPK se transformaría en socialdemócrata.
Para Keiko, existen dos posibles estrategias de segunda vuelta. Una es la estrategia del centro: distanciarse del gobierno de su padre, dejar afuera la vieja guardia fujimorista que se niega a hacer una autocrítica (Martha Chávez), ampliar su coalición, incorporando actores históricamente adversos al fujimorismo (Rafael Rey y Hernando de Soto no son suficientes), y sobre todo, hacer un compromiso creíble con las instituciones democráticas y los derechos humanos –una Hoja de Ruta Democrática. En otras palabras, tendría que caviarizarse un poco. Keiko ha contemplado esta estrategia, pero es posible que la interna fujimorista –y sobre todo, Alberto– no lo permita.
La alternativa sería una estrategia populista. Keiko podría distanciarse de la elite limeña (que no la va a apoyar) y construir una coalición más popular y provinciana. Buscaría al ex voto humalista. Ese electorado no es necesariamente de izquierda, pero sí es antielite, antiLima, y estatista. Para ocupar el espacio humalista, Keiko tendría que adoptar un perfil más populista: apelar más al descontento en el interior, pelearse con el Grupo Comercio, hacer propuestas redistributivas, y sobre todo, prometer más y mejor Estado. Sería una vuelta al fujimorismo de 1990.
Hasta ahora, Keiko no se caviariza ni se populariza. Solo espera. Parece querer seguir la estrategia del Mudo: ganar sin decir (o hacer) nada, como acaba de hacer Castañeda en Lima.
No creo que funcione. Castañeda pudo callarse porque no tenía anticuerpos. Fue rechazado por muchos columnistas y politólogos, pero la gran mayoría de los limeños no tenía mayores problemas con él. Keiko tiene más anticuerpos, y por eso, tendrá que trabajar más para llegar al 50%. La estrategia del Mudo no basta.
El camino a 50% es largo. García y PPK ya se definen. Si Keiko no desarrolla una estrategia de segunda vuelta, quedará de nuevo en el segundo lugar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario