Exitosa Diario: 14 de Abril de 2014
En los primeros años post Fujimori, durante el gobierno de Paniagua y los primeros años de Toledo, a los que hoy se llama caviares se les denominaba cívicos (término que junto con el de “socialconfusos” fue creado por el recientemente fallecido Eduardo Calmell del Solar).
En esos tiempos, siendo director de Correo, lancé la idea de una alianza política entre ellos y algunos sectores del liberalismo. Esta suerte de unión cívico liberal era, claro, políticamente imposible. Eran tiempos erizados, donde se activó una maquinaria de “extirpación de ideologías” y todo aquello que sonase a libre mercado era inmediatamente vilipendiado y su portavoz convertido en candidato a ser inquilino de San Jorge.
Sin embargo, la posibilidad de que se uniesen la tecnocracia liberal organizada fundacionalmente alrededor del gobierno de Fujimori y la burocracia jurídica izquierdista surgida antes, pero resurrecta durante el gobierno de transición, era y sigue siendo una opción ideológica y políticamente interesante de pensar (con algunos matices es lo que Steven Levitsky ha bautizado como la “coalición paniaguista”).
El liberalismo es la argamasa que podría unir dos de los sectores políticos más modernos del país. A la derecha, la prédica liberal le otorga una vocación de cambio que la aleja del conservadurismo. A la izquierda le imprime un sentido de orden que la aparta del populismo.
Para ambas élites políticas, la democracia y la economía de mercado son casi motivo de consenso. Y ahora surge un nuevo punto de encuentro en el campo moral y en la defensa de su ejercicio individual libérrimo. No por casualidad, la movilización en favor de la unión civil y la despenalización del aborto en casos de violación son causas que han encontrado sentados alrededor de la misma mesa a connotados liberales como Mario Vargas Llosa y a progresistas de diversa laya.
Es muy difícil que esta “unión” vaya a cuajar en alguna estructura partidaria, aunque las mayores dificultades no reposen en las eventuales diferencias ideológicas que puedan existir, sino en que ambos sectores no tienen trayectoria partidaria y suelen ser grupos independientes o tecnocracias delivery de gobiernos que les parezcan aceptables. Pero igual, como alianza partidaria o como colectivo espontáneo para ciertas ocasiones, es saludable subrayar las coincidencias existentes entre dos sectores antaño enemigos irreductibles.

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