Todavía no ha empezado la campaña municipal limeña pero ya soplan vientos de guerra. Sin ningún candidato inscrito, las encuestadoras arriesgan nombres ante un electorado todavía lejano a una decisión definitiva el próximo 5 de octubre. Los primeros sondeos, tan lejanos de la verdad electoral final, arrojan como vencedor al ex alcalde de Lima Luis Castañeda Lossio con 49% (Ipsos). Lejos, muy lejos, lo sigue Susana Villarán tentando la reelección (como lo hicieron con éxito Belmont, Andrade y Castañeda) con un 7%. ¿Todo está dicho entonces?
Pues no necesariamente. Lo interesante de las encuestas –en esta etapa preliminar– está en leer la data desagregada. Castañeda está sólido en todos los niveles socioeconómicos pero tiene un impresionante 63% en el E. Susana Villarán tiene 0 puntos en el nivel más bajo pero aparece con un sorprendente 20% en el nivel A. ¿Por qué?
El modelo de desarrollo que Villarán ha privilegiado se fundamenta en grandes obras de infraestructura para la ciudad en asociación con la inversión privada. Cinco o seis ejes viales gigantescos y de larga maduración son obras que para la mayoría de limeños, poco informados, siempre correspondieron al Gobierno central.
El modelo de desarrollo de Castañeda privilegió la multiplicación de obras pequeñitas y veloces, por miles, las que debieron haber correspondido a los municipios distritales: veredas, escaleras, pistas, losas deportivas, postas, parques y una o dos obras “grandes” de largo aliento. La diferencia con el primer modelo es sustancial: su presencia para la ciudad es fugaz pero ataca de forma efectista y clientelista las demandas de los más pobres. Es evidente que el NSE A puede esperar más tiempo por obras públicas de mayor envergadura mientras que para el más pobre, es más difícil no priorizar la solución de lo inmediato.
Las próximas elecciones municipales –si los mensajes llegan adecuadamente– se centrarán en esas dos visiones. Obras grandes para una ciudad del futuro u obras pequeñitas, pero por cientos, para paliar la necesidad urgente del día a día. Ese debate, y el de la honestidad, llenarán nuestras discusiones y explican las actuales aprobaciones de ambos candidatos.

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