domingo, 7 de diciembre de 2014

El último salvavidas del PPC

Miércoles, 05 de noviembre de 2014 | 4:30 am


Así como la izquierda, otro gran perdedor de las últimas elecciones es el Partido Popular Cristiano, PPC; uno de los últimos partidos doctrinarios que venía sobreviviendo con dificultad y ahora afronta riesgo de extinción.

Nacido hace casi 50 años, el PPC es el partido clave de nuestra centro-derecha contemporánea; llegó al poder como socio menor de Acción Popular en los dos mandatos de FBT. Pero con candidatos propios ha perdido todas las contiendas presidenciales donde ha competido; tampoco ha superado su lejanía del interior, salvo su asentamiento exclusivo en Lima. Aunque, por el lado positivo, el PPC ha jugado un papel en la lucha por asentar nuestra precaria democracia política.

Si recordamos la campaña por la revocatoria de Susana Villarán para la alcaldía de Lima, encontramos al PPC partidario del “No” oponiéndose al triunfo de las mafias que asomaban detrás de los revocadores. ¿Qué hubiera pasado si el PPC conducía la revocatoria? Posiblemente ahora ocuparía la alcaldía. Entonces, ¿cuál fue la razón del PPC para defender a Susana? Su propósito no fue ganar votos para la siguiente contienda, sino conservar al régimen municipal dentro de ciertos cánones.

Es más, en esa campaña, el PPC fue clave porque movilizó los votos que necesitaba Villarán para salvarse, los que sacrificaron a Marisa Glave y al resto de regidores de izquierda. Si el PPC obtuvo su objetivo en la revocatoria, ¿a qué se debe su catástrofe en la municipalidad de Lima?

Para empezar, el PPC arrastra una larga lucha interna que lo carcome. En esta ocasión, esa pugna descalabró la apuesta inicial por Pablo Secada y al final el partido optó por Jaime Zea, un competente alcalde distrital a quien le quedó grande la competencia metropolitana. El inadecuado perfil del candidato fue consecuencia de malas decisiones provocadas por una persistente crisis interna.

Por su parte, la magnitud de esas pugnas no se debe al azar. En efecto, mientras una parte del partido piensa en conservar el régimen democrático, la otra intenta avanzar electoralmente. En el PPC histórico siempre hubo una confrontación entre ideólogos y pragmáticos, que han ido saliendo sistemáticamente de sus filas. La lista es larga y la encabeza Alberto Andrade, seguido por muchos, entre otros Borea, Koury y últimamente Heresi. Esta sangría ha debilitado profundamente al PPC alejando sus cartas de recambio para dejar solamente a Lourdes Flores como última figura carismática.

El conflicto interno actual que opone a los llamados renovadores contra el grupo del secretario general, Raúl Castro, es un remedo de los pleitos que genera, en este tipo de partidos, el moverse en dos planos distintos: la obtención de votos y la conservación de las instituciones republicanas.

Es la tesis de un penetrante estudio sobre el socialcristianismo latinoamericano editado por Mainwaring y Scully, quienes establecen la complicada situación de los partidos de centro en democracias inciertas, obligados a trabajar políticamente en esos dos terrenos; los cuales muchas veces son contrapuestos y, a la larga, ese doble juego los anula.

La situación actual del PPC es crítica. De las 2.000 alcaldías que estaban en juego solo ha obtenido 7 en Lima y otras 7 en regiones, un total de 14 a nivel nacional. Tiene muy poco y si el 2016 no supera la valla electoral pierde la inscripción y sale del escenario. Para salvarse requiere una alianza; por ello, Lourdes coquetea con García y ambos hablan de entendimiento.

Pero se ve difícil una coalición electoral con ese socio. Tanto Keiko como Alan se mueven en la derecha del espectro. Para ganar, ambos necesitan un pie en el centro y el PPC luce demasiado a la derecha. No suma a una alianza de ese perfil, obstruye.

Enfrentado a una dura prueba, al PPC solo le queda estar dispuesto, una vez más, a ser el socio menor de una alianza electoral, concebida esta vez no para llegar al poder, sino como salvataje partidario. Les ayudaría contar con el carisma de Lourdes.

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