Miércoles, 26 de noviembre de 2014 | 4:30 amLos antecedentes no son halagüeños. Tanto Toledo como García terminaron sus gobiernos muy disminuidos. En las elecciones siguientes a su paso por Palacio apenas si pasaron la valla electoral y sus congresistas fueron un puñado. La situación del nacionalismo podría ser exactamente la misma, pero todo depende de cómo mueva sus fichas de aquí en adelante.
Por ello, parece clara la motivación del presidente Humala al declarar sobre la cloaca del fujimorismo. Significa el toque a rebato y el trazado de la cancha para iniciar la campaña política del nacionalismo frente al 2016. El estilo es tosco y mayor tolerancia sería bienvenida, pero siempre ha sido así y no debería llamar la atención.
Sucede que ni García ni PPK pueden enfrentar al fujimorismo, como ya lo hizo Vargas Llosa y ahora lo prolonga Humala. Tanto García como PPK comparten con Keiko el mismo campo del espectro. Entre ellos la lucha será feroz por ver quién queda al final del día. Pero, no pueden oponerse entre sí en forma cerrada, porque poseen muchos vasos comunicantes. Los círculos de estos tres candidatos están conectados a través del poder económico y el mediático.
Pero, desde el retorno de la democracia y como consecuencia del régimen de dos vueltas, las campañas presidenciales expresan a cada lado del espectro. Toledo vs García; García vs Humala; y Humala vs Keiko. Por más derechizado que se halle el país, se ve difícil que ambos contendores finales del 2016 corran en el mismo lado derecho del espectro. Es decir, Alan vs Keiko es poco probable, más seguro es que uno de los dos quede en el camino y tenga que enfrentar en segunda vuelta a quien represente el otro lado del espectro. Es decir, el rival saldrá del centro a la izquierda.
He ahí la oportunidad del nacionalismo. Su ideología es laxa y fluida. No se sabe si pertenece a la izquierda o a la derecha. En alguna ocasión ha dado origen al fascismo y en otras a los movimientos de liberación nacional anticoloniales. Entre estos extremos se puede mover y de hecho lo hace con soltura. Por ello, se puede hacer campaña dos veces por la izquierda, hasta llegar al poder y gobernar bien pegado a la derecha. Pero, igualmente puede volver a correrse a una postura cercana a la centro izquierda para la siguiente campaña electoral.
Aunque, todo dependerá del candidato que salga de Palacio. Dado el escaso peso de las estructuras partidarias, las listas se definen entre cuatro paredes. Así como ahora Humala traza la cancha, mañana la pareja presidencial elegirá sucesor. Ese momento será decisivo, porque si escogen mal entonces el nacionalismo correrá la misma suerte de sus antecesores. Pero, si su candidato posee carisma y tiene un lado del espectro para correr más o menos libre, entonces puede hacer una buena performance.
Quizá no ganar, pero sí colocar una buena bancada, que en realidad constituye el objetivo mínimo del nacionalismo, puesto que en estos años se ha hecho de tantos enemigos que debe temer un futuro congreso donde esté minimizado. Más aún si, como se rumorea, Nadine Heredia se lanza al Congreso, entonces una buena bancada sería posible con cierta comodidad y, de tener suerte, podrían llegar a segunda vuelta. Ahí todo es posible.
Pero, de la baraja de posibles presidenciables solo se perfilan Ana Jara y Daniel Urresti. El problema de la primera es que quizá no tiene el carisma suficiente. Por su parte, el segundo encarnaría una versión del autoritarismo populista de derecha, seguramente exitoso dado el elevado nivel de inseguridad, pero colocado en el mismo lado del espectro contra el cual Humala ha rayado el escenario.
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