Domingo, 17 de noviembre de 2013 | 4:30 am
¿Qué sabemos con certeza en el caso López? Que se ordenó vigilancia policial desde mayo del 2012 en la casa de propiedad (embargada) de Oscar López Meneses en la calle Batallón Libres de Trujillo 209, Surco. Asimismo, que se ordenó vigilancia en la casa del padre del mismo sujeto. La orden verbal del general PNP Raúl Salazar y el oficio del general PNP Aldo Miranda señalaban que ahí domiciliaba el almirante Jose Cueto Aservi, Jefe del CCFFAA. Se asignaron personal y vehículos de la comisaría de Chacarilla, SUAT y UDEX. También el alcalde de Surco señala que en mayo del 2012 el general Howell, saliente Jefe de CCFFAA, le pidió lo mismo y se asignó patrullaje de serenazgo.
López Meneses está sentenciado por delitos cometidos durante su asociación con los condenados Montesinos y Fujimori. Fue deportado de los Estados Unidos el 2003. Estuvo preso en San Jorge y fue sentenciado el 2012 a 4 años de prisión suspendida. Su asistencia a un reciente evento policial está confirmada en fotografías.
¿Cuáles son los hechos controvertidos? El general Salazar señala que el mismo almirante pidió el servicio. Tres generales de la Policía lo confirman, Carlos Gómez, Luis Praeli y el propio Miranda, con idéntica coartada, afirman que trataron personalmente con Cueto. El almirante lo niega y acusa a estos de un montaje concertado para librarse de responsabilidad y asociarlo a un delincuente. Señala que pidió un solo patrullero para su calle hace pocos meses. El cuenta con resguardo, visible y notorio, provisto por la Marina y vive desde hace años en San Borja. Por otro lado, Howell asegura que jamás llamó al alcalde y que se hizo desde un teléfono que no le pertenece.
Algunos hechos son manifiestamente inusuales. El general Miranda no recibió orden escrita de su superior, el general Salazar. Este, a su vez, no recibió oficio alguno del CCFFAA formalizando el pedido. La dotación policial, durante 18 meses, jamás se percató o informó sobre los verdaderos habitantes de las viviendas que cuidaban, lo cual no es creíble. La permanencia de unidades de elite como SUAT y UDEX en vigilancia domiciliaria es irregular, por no decir ilícita.
¿Qué hay detrás de esto? En la primera y más grave hipótesis, una estructura de poder paralela al Estado que compromete criminalmente a oficiales de la Policía y Fuerzas Armadas, en actividad y en retiro, cuyas redes podrían llegar hasta el mismo presidente –o muy cerca de él– que se organiza con el propósito de traficar con información obtenida ilícitamente con instrumentos del Estado (chuponeo), presionar para ascensos o posiciones ventajosas en el reparto de poder y obtener dinero extraído de actividades ilícitas tales como protección policial indebida, desalojos irregulares o reglajes a adversarios. De ser cierto, la situación de corrupción es gravísima. La reacción presidencial, las renuncias y algunos hechos relatados por Ángel Páez abonan a esta hipótesis. Sin embargo, esta requiere de clandestinidad y secreto, cosa que aquí no existió.
En otro extremo, la segunda hipótesis, benigna, coloca a López Meneses cómo centro de la operación. Un sujeto mitómano, que se ha inventado una herencia fabulosa (como aseguró a un periodista) y una intima amistad con el presidente –a quien asegura conocer desde los noventa– y que, como buen vendedor de influencias, ha logrado convencer a oficiales de la Policía y las FFAA que con él pueden conseguir “llegada” al “número uno” gracias a sus servicios en inteligencia. Estos le creen y montan en ofrenda el “Operativo Franela”. La farsa cae y aparece la coartada pactada.
¿Dónde está la verdad? Aún no lo sabemos. ¿Quiénes están cosechando de la crisis? Apristas y fujimoristas que hoy, agresivamente, niegan sus manifiestos vínculos históricos con López. ¿Quién va perdiendo? El presidente. En tres días descabezó a la Policía, perdió a su ministro del Interior y al cuestionado asesor Villafuerte. Además, tiene bajo sospecha al jefe del CCFFAA. Y lo peor es que da la impresión de no tener la más remota idea de lo que está sucediéndole.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Al atarante
Domingo, 10 de noviembre de 2013 | 4:30 am
El congresista Gagó grita en conferencia de prensa en el Congreso que no hay ley que le prohíba a Alberto Fujimori dar entrevistas por teléfono. Sabe que es falso porque estudió Derecho y debe recordar que existe algo llamado Código de Ejecución Penal. Esta ley establece que el reo tiene derecho a comunicarse con familiares, amigos, su defensa y funcionarios de organismos consulares o internacionales de defensa de derechos penitenciarios. La lista no incluye a nadie más, sin permiso especial. Lo sabe el abogado de Fujimori, lo sabe su hija y lo sabe el mismo reo. Pero todos mienten en coro y al grito. Al atarante, a ver si ganan alguito mareando al auditorio. A ver si así generan al menos la duda entre millones de personas que no conocen la ley.
Pero no es todo. Los congresistas Fujimori y Gagó convierten sus cuerpos en el obstáculo físico suficiente para que Fujimori padre se despache por teléfono. Su conducta frente al personal del INPE es la misma. Al atarante.
El congresista Mulder y el congresista Velásquez Quesquén insisten en que Antauro Humala va a obtener beneficios penitenciarios por una ley hecha solo para él. Saben, porque de leyes sí conocen, que si algún día Humala recibe algún beneficio será por aquellos que regían en tiempos de Alan García (y desde mucho tiempo atrás). No hay ninguna Ley Antauro, ninguna flexibilización, ningún beneficio nuevo. Solo una ley mal derogada –por unos dos meses– que se restituye para no quitar lo ganado en trabajo y estudio a 40.000 reos. Se les explica, despacito y saben la verdad, pero continúan reiterando la misma mentira. Y lo hacen coordinadamente con Alan García que “tuitea” lo mismo, diciendo que el presidente Humala “concederá beneficios” como si no supiera que hacerlo es función exclusiva de un juez. Cree que al atarante, también, va a poder homologar su desastroso desempeño como conmutador de narcotraficantes, esa sí, competencia exclusivamente suya.
El fujimorismo y el Apra hablan de millones de niños gravemente enfermos o abandonados por programas de alimentación con comida supuestamente podrida. Cualquiera que sepa algo de matemáticas y estadística se da cuenta del malsano ejercicio de usar la comida de los niños para hacer política con el miedo de los padres y el beneplácito del bolsillo de los proveedores desplazados. Nuevamente, atarantar con números y encima falsos. Presentar imágenes (las mismas) de niños llorando (lo que prohíbe la ley) para asustar y demoler.
La congresista Martha Chávez llama adúltera a una periodista. A un obispo emérito, chofer. A un abogado defensor de DDHH, proterruco y amigo de Sendero Luminoso. Pero pide que no le cuestionen su inexistente experiencia en materia de defensa de derechos de todos, ni su escasa compasión por las víctimas de la violencia ni su extraña concepción de los “costos” y la “inercia” de la “guerra”. Para ella, el único ser que merece una defensa ciega es Alberto Fujimori. Los demás son caviares, marxistas, comunistas, proterrucos. Y a insultos y amenazas quiere atarantar e imponerse donde no cabían sus servicios.
La señora Eliane Karp de Toledo va al Congreso. Hace desplantes, es soberbia, se pasea ante congresistas débiles e inconsistentes y ningunea las preguntas que no quiere contestar. Finalmente, habla mucho y no dice nada. Salvo repetir una y otra vez “la plata es de Maiman”. Atarantando, convencida de que confundiendo y obviando lo evidente habrá ganancia.
La prensa que se traga el cuento de la Ley Antauro, de Qali Warma o de Martha Chávez defensora de DDHH también quiere dar sus palizas. Ahora ataranta a ministros con juicios de pureza de sangre, buscando manchas en el linaje, como ¡oh pecado indigno!, haber cobrado por trabajar honestamente en el Poder Judicial en los noventa.
¿No les da vergüenza? ¿Creer que la gente es estúpida como para que con verborrea y pachotadas impongan mentiras como si fueran verdades? Se pueden turbar los sentidos de algunos por largo tiempo o de muchos por poco tiempo. Pero no se puede hacerlo con todos, todo el tiempo. Pregunten a Montesinos.
El congresista Gagó grita en conferencia de prensa en el Congreso que no hay ley que le prohíba a Alberto Fujimori dar entrevistas por teléfono. Sabe que es falso porque estudió Derecho y debe recordar que existe algo llamado Código de Ejecución Penal. Esta ley establece que el reo tiene derecho a comunicarse con familiares, amigos, su defensa y funcionarios de organismos consulares o internacionales de defensa de derechos penitenciarios. La lista no incluye a nadie más, sin permiso especial. Lo sabe el abogado de Fujimori, lo sabe su hija y lo sabe el mismo reo. Pero todos mienten en coro y al grito. Al atarante, a ver si ganan alguito mareando al auditorio. A ver si así generan al menos la duda entre millones de personas que no conocen la ley.
Pero no es todo. Los congresistas Fujimori y Gagó convierten sus cuerpos en el obstáculo físico suficiente para que Fujimori padre se despache por teléfono. Su conducta frente al personal del INPE es la misma. Al atarante.
El congresista Mulder y el congresista Velásquez Quesquén insisten en que Antauro Humala va a obtener beneficios penitenciarios por una ley hecha solo para él. Saben, porque de leyes sí conocen, que si algún día Humala recibe algún beneficio será por aquellos que regían en tiempos de Alan García (y desde mucho tiempo atrás). No hay ninguna Ley Antauro, ninguna flexibilización, ningún beneficio nuevo. Solo una ley mal derogada –por unos dos meses– que se restituye para no quitar lo ganado en trabajo y estudio a 40.000 reos. Se les explica, despacito y saben la verdad, pero continúan reiterando la misma mentira. Y lo hacen coordinadamente con Alan García que “tuitea” lo mismo, diciendo que el presidente Humala “concederá beneficios” como si no supiera que hacerlo es función exclusiva de un juez. Cree que al atarante, también, va a poder homologar su desastroso desempeño como conmutador de narcotraficantes, esa sí, competencia exclusivamente suya.
El fujimorismo y el Apra hablan de millones de niños gravemente enfermos o abandonados por programas de alimentación con comida supuestamente podrida. Cualquiera que sepa algo de matemáticas y estadística se da cuenta del malsano ejercicio de usar la comida de los niños para hacer política con el miedo de los padres y el beneplácito del bolsillo de los proveedores desplazados. Nuevamente, atarantar con números y encima falsos. Presentar imágenes (las mismas) de niños llorando (lo que prohíbe la ley) para asustar y demoler.
La congresista Martha Chávez llama adúltera a una periodista. A un obispo emérito, chofer. A un abogado defensor de DDHH, proterruco y amigo de Sendero Luminoso. Pero pide que no le cuestionen su inexistente experiencia en materia de defensa de derechos de todos, ni su escasa compasión por las víctimas de la violencia ni su extraña concepción de los “costos” y la “inercia” de la “guerra”. Para ella, el único ser que merece una defensa ciega es Alberto Fujimori. Los demás son caviares, marxistas, comunistas, proterrucos. Y a insultos y amenazas quiere atarantar e imponerse donde no cabían sus servicios.
La señora Eliane Karp de Toledo va al Congreso. Hace desplantes, es soberbia, se pasea ante congresistas débiles e inconsistentes y ningunea las preguntas que no quiere contestar. Finalmente, habla mucho y no dice nada. Salvo repetir una y otra vez “la plata es de Maiman”. Atarantando, convencida de que confundiendo y obviando lo evidente habrá ganancia.
La prensa que se traga el cuento de la Ley Antauro, de Qali Warma o de Martha Chávez defensora de DDHH también quiere dar sus palizas. Ahora ataranta a ministros con juicios de pureza de sangre, buscando manchas en el linaje, como ¡oh pecado indigno!, haber cobrado por trabajar honestamente en el Poder Judicial en los noventa.
¿No les da vergüenza? ¿Creer que la gente es estúpida como para que con verborrea y pachotadas impongan mentiras como si fueran verdades? Se pueden turbar los sentidos de algunos por largo tiempo o de muchos por poco tiempo. Pero no se puede hacerlo con todos, todo el tiempo. Pregunten a Montesinos.
¿Por qué no hacemos lo que sí funciona?
Domingo, 03 de noviembre de 2013 | 4:30 am A fines de los ochenta, el Perú sufría una crisis económica feroz. De manera conjunta con el terrorismo, ambos problemas eran señalados como los más graves en cuanta encuesta se hacía. Mientras que la economía se hundía, los mejores economistas peruanos desfilan por los medios advirtiendo la grave situación y señalando exactamente lo que debía hacerse. El gobierno de Alan García no quiso escuchar, atrasando cada vez más la dolorosa solución. Y no solamente no hizo las reformas que urgía hacer. García hizo campaña en 1990 con Fujimori asegurando que el programa económico de Vargas Llosa era demoniaco. La historia demostró que la brutal devaluación de agosto de 1990 era lo único que quedaba por hacerse.
Hoy día pasa lo mismo con la seguridad ciudadana. Sabemos que el problema número uno es la delincuencia y los expertos nos dicen lo que hay que hacer, lo que funciona en otros lugares y lo que no funciona. La diferencia con 1990 es que hay recursos para atacar el problema. Sin embargo, pese a todo el gasto público, el delito, sobre todo contra el patrimonio sigue creciendo para terror de ciudadanos cada vez mas enrejados y aislados unos de otros. Lima es hoy una ciudad donde todo y todos son sospechosos. Los limeños han gastado millones en asegurar físicamente sus propiedades. Si no lo hacen, la realidad dice que serán inevitablemente asaltados.
¿Qué no funciona en materia de seguridad? Como en la economía, donde se aprendió con dolor, no funciona el populismo y el circo. No funciona incrementar las penas, no funciona gastar en infraestructura y equipo por sí solos, no funciona llamar al Ejército, no funciona encarcelar primarios mientras esperan sentencia, no funciona tratar adolescentes como si fueran adultos, no funciona la pena de muerte, no funciona olvidarse del patrullaje preventivo y no funciona tener una Policía que la mitad del mes se la tiene que “buscar” en el mundo privado.
¿Qué funciona? Funciona lo que no tenemos. Funciona un buen sistema de información que permita procesarla y hacerla una herramienta útil. Funciona un sistema de prevención como los que los distritos ricos de Lima tienen con sus Serenazgos y que, estadísticamente, ha reducido la delincuencia solo con disuasión. Funciona la investigación criminal descentralizada, con apoyo científico –bases de datos, identificación dactilar, trabajo en escena de crimen– y no priorizada por la prensa sensacionalista. Funciona descongestionar las cárceles, hoy escuelas del delito –y abaratar radicalmente su costo– mandando a su casa y a trabajar a miles de no sentenciados primarios con grilletes electrónicos monitoreados. Funciona una policía a tiempo completo, purgada de malos elementos, reivindicada y con respeto social.
¿Qué se necesita? Liderazgo político, ideas probadas y buen equipo para ejecutarlas en un enfoque integral. Por años se ha priorizado solo uno o dos aspectos del problema. ¿El resultado? Iniciativas frustradas con cada cambio de ministro, compras de mucha pantalla y gasto –como helicópteros que sirven para muchas cosas buenas salvo para perseguir rateros– y una Policía cada vez más corrupta y más desprestigiada. Si a eso se le suma la explosión del sicariato que trae el narcotráfico, la situación es gravísima. Y no, no es histeria.
Por mezquindad política no se llama a buenos policías en retiro como el General Hernani, solo por citar un buen ejemplo, o a los buenos y pocos técnicos que tienen años estudiando el problema, entrevistados por mí tantas veces, como Lucía Dammert, Gino Costa, Carlos Basombrío o Fernando Rospigliosi. Espero que el nuevo Presidente del Consejo de Ministros, que se inicia con la promesa de atender el problema, lo haga sin esperar más. 1990 enseña que las decisiones postergadas solo son más dolorosas.
¡Aquí estamos!
Publicado: 2013-12-04 Leí a Antonio Zapata, y discrepo, no porque una apreciación externa del proceso del Frente Amplio como esa no pueda existir, sino porque está escrita desde alguien que estando afuera del proceso de construcción cree saber qué es lo que está realmente ocurriendo. En este caso, el de los fantasmas de los 80 creo que es él.
Veamos los argumentos. Primero la izquierda no tiene bases sociales y lo peor, no busca organizarlas. Falso. El surgimiento del FA plantea, EXPRESAMENTE, que este proceso no sea de las cúpulas y que incluya a organizaciones sociales y a ciudadanos y ciudadanas no partidarizadas. ¿Qué se está haciendo para eso? En algunos distritos de Lima Sur por ejemplo se vienen constituyendo comités del FA en coordinación con la militancia de los partidos, pero sobre todo con organizaciones sociales como el Movimiento Sin Techo. Lo mismo empieza a germinar en Junín, Iquitos, Cusco, donde también se están construyendo comités promotores del frente. Y esta semana tenemos reuniones preparatorias con mujeres, jóvenes, organizaciones sociales, trabajadores, intelectuales y artistas rumbo al encuentro del 15 de diciembre.
¿Ya logramos culminar el proceso? No, falta mucho, pero está en camino. ¿Hay tensiones? Por su puesto, somos de izquierda y la tendencia a la crítica desmedida muchas veces genera escepticismo más que nuevos caminos de construcción y nos hace ver más la paja en el ojo ajeno. Pero andamos. Parafraseando a Mariátegui (el abuelo obviamente) espero que la historia no le dé razón a esa gente negativa y escéptica, sino a la gente afirmativa…que piensa que son aptos para la libertad todos los pueblos que saben adquirirla. Creo que el Perú es un sueño posible y que sabremos ir avanzando en nuestra emancipación, sin calco ni copia.
Segundo “no hay programa”. Tampoco es del todo cierto. Ya se iniciaron los debates programáticos y hemos elaborado primero lineamientos que serán debatidos el 15 de diciembre, reunión a la que espero Tony nos puedas acompañar porque tus sugerencias son bienvenidas. La idea no es que unos iluminados nos digan a “las bases” qué se debe hacer, sino por el contrario se pueda promover un verdadero debate, de abajo para arriba, que recoja las miradas, preocupaciones y planteamientos de solución que desde los distintos lugares del país se vienen gestando. Esto es algo que los partidos de la derecha no hacen, no lo necesitan. Tienen muy claro su modelo de exclusión y saben al servicio de quien están. Construir un país justo requiere debate crítico no sumisión, y eso es un proceso que requiere tiempo
Tercero, que en la negativa de varios (no sólo unos) de hacer una alianza con el partido humanista pesó el pasado más que una visión de futuro. Te equivocas. Varios de los que nos opusimos lo hicimos precisamente pensando en el futuro. En que la izquierda que vamos a construir no sea un simple reciclaje de todo. Yehude no sólo fue el Premier del Baguazo, fue alguien que pasó de la izquierda radical, al centro progresista, a la defensa de la versión neoliberal de Alan García y luego a sumarse a las filas de PPK, uno de los principales lobbistas de la historia del país. ¿Eso te parece renovador? ¿Mínimamente ético? A mí no, y lo que me alegra, es que en la asamblea en la que decidimos no hacer esta alianza, quienes gritaron su oposición no fueron “las cúpulas” que la verdad estaban muy tranquilas con esta posibilidad, sino la gente joven de los partidos y los que no siendo de los partidos se sintieron convocados como ciudadanos a opinar sobre el camino a seguir. Aún recuerdo una posible definición ambigua de la mesa que conducía esa asamblea – donde también había un representante de mi partido – y frente a la cual la juventud reaccionó amargamente. Recuerdo a una chica muy joven, que fue candidata en la lista de regidores de estas últimas elecciones, subida en una silla, exigiendo acuerdos claros y que “la cúpula” respete a las bases. La verdad Tony, yo prefiero respetarla a ella y la renovación que representa.
Hay riesgos en la construcción del frente. Varios. Algunos internos y que pueden terminar estallando el proceso, sí. Y que debemos estar atentos, sí. Un reto grande es mantener el proceso unitario pese a las diferencias y eso se logra precisamente con acuerdos programáticos claros. Otro es definir la estrategia electoral, donde pensemos ¿qué queremos lograr, ganar por ganar? ¿Iniciar un proceso de construcción de un referente nacional? ¿Cómo lo haremos? ¿Sólo la izquierda? ¿Nos aliaremos con el centro? ¿Querrá el centro? ¿Querremos nosotros? ¿En qué condiciones? Son preguntas que deberemos responder, no desde las cúpulas, insisto, sino desde un debate con la militancia. Y las decisiones de fondo, desde las estrategias de alianza hasta quienes serán nuestros candidatos deberán pasar por el principio de UN MILITANTE UN VOTO. Hay quienes, hoy en las cúpulas de los partidos de izquierda, no están del todo cómodos con aplicar este principio, pese a que lo repiten hasta el cansancio. Pero estará en la terquedad de las nuevas generaciones que exijamos que se cumplan.
Quiero recordarte, a ti y a quienes leen estas líneas, que el FA se lanza como iniciativa en junio de este año. No hemos cumplido ni 6 meses de iniciar el trabajo. Las exigencias que varios nos piden, están cargadas del peso de la historia pues parecen creer que la “Izquierda Unida” de los ochenta ha revivido. No es así. Esa izquierda murió. Y ahora nace otra, donde estamos varios que menos mal nunca estuvimos en Huampaní, ni en ninguna otra mítica reunión de esa IU. Que recoge mucho de lo que se vivió, por supuesto, pero que tiene un nuevo proceso y que espera que sea medida por lo que ahora empezamos a hacer. Somos continuidad, pero somos también ruptura.
Sería interesante que empezáramos a preguntarnos ¿por qué le molesta a tantos y en particular a los opinólogos que la izquierda intente juntarse? Insisto, en este proceso llevamos apenas seis meses y seguiremos trabajando.
Como diría Vallejo,
"Otro poco de calma, camarada;
un mucho inmenso, septentrional, completo,
feroz, de calma chica,
al servicio menor de cada triunfo
y en la audaz servidumbre del fracaso."
Dónde está la izquierda
Miercoles, 04 de diciembre de 2013 | 4:30 amLos resultados electorales de Lima han sido desalentadores para las fuerzas de izquierda. Tierra y Dignidad quedó quinto de seis participantes y el Partido Humanista fue el último.
Nuevamente divididas, esta vez entre izquierda y centro-izquierda, las fuerzas progresistas han ocupado la cola de las opciones políticas. ¿A qué se debe tan triste situación?
En primer lugar a la falta de bases organizadas. Los partidos existentes han hecho poco trabajo de organización de la sociedad civil. Apenas son unos cuantos militantes que se reúnen para hablar de política sin hacer realmente nada trascendente. No participan de la acción concreta cotidiana ni tampoco de los debates de fondo sobre el destino del país.
Los congresos son decepcionantes. Se discute vaguedades y se arman peleas tremendas alrededor de puntos menores y bastante obvios. Un reciente congreso ha pasado horas debatiendo su puesto en el espectro, cuando hasta el más despistado lo ubica en la izquierda radical y ecologista. Así estamos.
Pero, lo más grave es que no estamos organizados. El llamado Frente Amplio, FA, no ha creado ninguna base territorial o funcional. No existe comité en alguna provincia o distrito, ni tampoco en organizaciones gremiales o profesionales. El FA es una reunión de las cúpulas de esos micropartidos casi ausentes de las organizaciones sociales. Cuando las bases han querido formar comités del FA, han sido frenadas por los propios partidos, aduciendo que falta algo por resolver en las alturas.
Así, constituye una repetición de los vicios de Izquierda Unida de los 1980, solo que los partidos de esa época eran de mayores dimensiones. Pero, el razonamiento base es el mismo y lleva a la derrota, no se organiza la base popular del frente único, sino que se fortalecen los partidos que lo integran. Ellos compiten entre sí y no dan paso a personas independientes, que podrían darle un carácter menos sectario al proyecto.
El segundo tema es que carecemos de un programa. No hay una Gran Transformación ni siquiera una Hoja de Ruta. Es decir, la izquierda es un sentimiento, pero los líderes no plantean una idea concreta sobre el Perú de hoy y por dónde conducirlo. No hay una plataforma que desarrolle con sencillez las propuestas de justicia social, respeto a la naturaleza, fortalecimiento de la nación y defensa de la democracia. Por ello es tan difícil hacer alianzas. No se sabe alrededor de qué.
En las últimas elecciones se bloqueó la posible alianza entre Tierra y Dignidad y el Partido Humanista. Como no había plataforma política para armar un entendimiento, discutieron sobre el pasado. Entonces, era imposible la alianza entre el ecologismo radical con el primer ministro de Bagua. Pero, ese es el ayer y nos importa a los historiadores. Mientras que, las alianzas políticas se hacen pensando en el presente y orientadas al mañana. Lo único que puede orientar al político es poseer un programa, un diseño de país ideal y un camino para lograrlo.
Un tercer punto es definir candidato(as). No se puede insistir en figuras gastadas de otras épocas. Necesitamos jóvenes que hablen el lenguaje de hoy y conozcan los nuevos métodos de comunicación masivos. Otro asunto es la capacidad de gestión. Nuestros líderes deben mostrar conocimiento del Estado y de sus herramientas. Inútil insistir en personalidades protagonistas de gestiones poco eficientes, que más bien serán la pesada mochila a cargar.
Aunque, aún hay razones para un moderado optimismo. Al fin y al cabo por Tierra y Dignidad han votado 300.000 ciudadanos y si se suman los del Partido Humanista alcanzan medio millón. Si se lograra organizar al 1%, se tendría una coalición electoral respaldada por 5.000 militantes en Lima. No es imposible de conseguir, basta animarse a formar comités y apostar por la renovación desde abajo.
Si me permiten tres recomendaciones para el próximo año diría: organización de bases, programa político y llamamiento a una coalición amplia, de la izquierda hacia el centro.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Contra el olvido
Publicado: 2013-08-27
Recuerdo como si fuera hoy la mañana en que Salomón Lerner Febres presentó el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Dijo: “Le toca al Perú confrontar un tiempo de vergüenza nacional. Con anterioridad, nuestra historia ha registrado más de un trance difícil, penoso, de postración o deterioro social. Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado tan rotundamente con el sello de la vergüenza y la deshonra como el que estamos obligados a relatar”. Tenía razón. Le tocó el difícil trabajo de presentar al país y al mundo el resultado de una larga investigación, que recogió el testimonio de miles de peruanos, que mostró la crueldad y el desprecio por la vida a la que pudimos llegar en el Perú. Más de 70 000 muertos, decenas de miles de desaparecidos, de torturados, miles de mujeres violadas. Esta sin duda es la etapa más dolorosa de nuestra historia como nación independiente. Y algunos, irresponsablemente, quieren cubrirla con una alfombra de olvido e impunidad. No lo podemos permitir.
Construir una democracia sólida, con instituciones que generen confianza y donde nos reconozcamos como ciudadanos con igual valor, supone ser conscientes de nuestra historia, de los procesos políticos, sociales y culturales por los que tuvimos que pasar para ser quienes somos. Eso incluye mirar este penoso episodio de nuestro pasado reciente, asumirlo, tratar de entenderlo – con lo difícil que es entender la muerte y el dolor, peor aún en esta magnitud – sabernos capaces de tan maña atrocidad. Y aprender. Un pueblo con memoria, con historia compartida, es un pueblo que aprende, que se sobrepone, que se prepara para un futuro mejor. En cambio una sociedad sometida al olvido y a la impunidad, está condenada a cometer los mismos errores.
El conflicto armado interno – sí, fue un conflicto armado aunque algunos lo quieran negar – fue de los más violentos que se reportan en nuestra región. Fue un conflicto donde se aplicaron prácticas terroristas, que atentaron contra la vida e integridad de miles de peruanos y peruanas. Particularmente los que menos poder tenían, que eran “abrumadoramente quechua hablantes y ashánincas ” (1).
Sendero Luminoso, grupo violento, asesino, discriminador, fanático, llenó de sangre y dolor el país. Fue capaz de dinamitar a una mujer valiente como María Elena Moyano, que se atrevió a alzar la voz y decir que lo que hacía el PCP-SL no era revolución, sino terrorismo; la mataron porque se negó a vivir en un mundo de miedo. Fueron capaces de matar a comunidades enteras por negarse a ser soldados de una guerra sangrienta, y utilizaron a niños a quienes enseñaron a matar. Agredieron y asesinaron a cientos de dirigentes sociales y autoridades locales, entre regidores y alcaldes, muchos de ellos de las filas de la Izquierda, porque no estaban de acuerdo con la manera en que este grupo pretendía transformar el Perú. Atacaron a la clase a la que decían defender.
Y el Estado Peruano, en lugar de hacer frente a esta locura en el marco de nuestra incipiente democracia, le dio la espalda a miles de ciudadanos, aplicó terrorismo de Estado, permitió que en lugares del país, como Ayacucho, las fuerzas del orden aplicaran una práctica sistemática y generalizada de violación a los derechos humanos. Campesinos torturados, desaparecidos, asesinados. Comunidades enteras asesinadas porque se sospechaba que alguno de sus miembros era senderista, incluyendo el asesinato de niños. Se crearon grupos paramilitares como Rodrigo Franco y Colina, que actuaron impunemente con el soporte del Estado Peruano. Secuestraron, torturaron y asesinaron estudiantes y profesores como los de la Cantuta acusándolos de senderistas, acusación que se ha probado era falsa. Asesinaron a dirigentes sindicales que les resultaban incómodos como Saúl Cantoral y Pedro Huilca. Aplicaron una cultura del miedo y la represión a quienes se atrevieran a cuestionar las políticas de los gobiernos de turno y las violaciones de derechos humanos.
Nunca más.
No podemos permitir que vuelva a pasar. Nunca más. Y porque creemos en la vida, porque creemos que podemos ser una sociedad con un proyecto compartido, donde quepamos todos, necesitamos compartir nuestra Memoria. Necesitamos justicia. Reparación. No olvido. No impunidad.
Quienes en estos días, que se cumplen 10 años de la entrega del informe de la Comisión de La Verdad y Reconciliación, se atreven a pedir amnistía para el reo Abimael Guzmán o pedir que el reo Fujimori sea indultado injustificadamente o que se vaya a su casa nos insultan. Insultan nuestro dolor. Nuestra capacidad para recordar lo que vivimos. Los que violaron los derechos humanos deben cumplir sus condenas, en eso consiste la Justicia.
Los familiares de quienes sufrieron en carne propia el terror y la violencia de este conflicto armado merecen que el país exija justicia. Merecen que no olvidemos que aún hay miles de desaparecidos, que no pueden descansar en paz, porque aún hay fosas por exhumar y poco apoyo del Estado para esta dura labor. Merecen que el Estado los repare por su pérdida.
Lo merecen, no sólo por lo que les tocó vivir. Lo merecen porque su fuerza, su coraje, su incansable lucha por justicia nos ha permitido a todos como sociedad avanzar en la lucha contra la impunidad. A ellos y a ellas les debemos mucho. A ellos y a ellas nuestro homenaje y compromiso siempre. (1)Carlos Iván Degregori al recibir el premio de derechos humanos de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.
Construir una democracia sólida, con instituciones que generen confianza y donde nos reconozcamos como ciudadanos con igual valor, supone ser conscientes de nuestra historia, de los procesos políticos, sociales y culturales por los que tuvimos que pasar para ser quienes somos. Eso incluye mirar este penoso episodio de nuestro pasado reciente, asumirlo, tratar de entenderlo – con lo difícil que es entender la muerte y el dolor, peor aún en esta magnitud – sabernos capaces de tan maña atrocidad. Y aprender. Un pueblo con memoria, con historia compartida, es un pueblo que aprende, que se sobrepone, que se prepara para un futuro mejor. En cambio una sociedad sometida al olvido y a la impunidad, está condenada a cometer los mismos errores.
El conflicto armado interno – sí, fue un conflicto armado aunque algunos lo quieran negar – fue de los más violentos que se reportan en nuestra región. Fue un conflicto donde se aplicaron prácticas terroristas, que atentaron contra la vida e integridad de miles de peruanos y peruanas. Particularmente los que menos poder tenían, que eran “abrumadoramente quechua hablantes y ashánincas ” (1).
Sendero Luminoso, grupo violento, asesino, discriminador, fanático, llenó de sangre y dolor el país. Fue capaz de dinamitar a una mujer valiente como María Elena Moyano, que se atrevió a alzar la voz y decir que lo que hacía el PCP-SL no era revolución, sino terrorismo; la mataron porque se negó a vivir en un mundo de miedo. Fueron capaces de matar a comunidades enteras por negarse a ser soldados de una guerra sangrienta, y utilizaron a niños a quienes enseñaron a matar. Agredieron y asesinaron a cientos de dirigentes sociales y autoridades locales, entre regidores y alcaldes, muchos de ellos de las filas de la Izquierda, porque no estaban de acuerdo con la manera en que este grupo pretendía transformar el Perú. Atacaron a la clase a la que decían defender.
Y el Estado Peruano, en lugar de hacer frente a esta locura en el marco de nuestra incipiente democracia, le dio la espalda a miles de ciudadanos, aplicó terrorismo de Estado, permitió que en lugares del país, como Ayacucho, las fuerzas del orden aplicaran una práctica sistemática y generalizada de violación a los derechos humanos. Campesinos torturados, desaparecidos, asesinados. Comunidades enteras asesinadas porque se sospechaba que alguno de sus miembros era senderista, incluyendo el asesinato de niños. Se crearon grupos paramilitares como Rodrigo Franco y Colina, que actuaron impunemente con el soporte del Estado Peruano. Secuestraron, torturaron y asesinaron estudiantes y profesores como los de la Cantuta acusándolos de senderistas, acusación que se ha probado era falsa. Asesinaron a dirigentes sindicales que les resultaban incómodos como Saúl Cantoral y Pedro Huilca. Aplicaron una cultura del miedo y la represión a quienes se atrevieran a cuestionar las políticas de los gobiernos de turno y las violaciones de derechos humanos.
Nunca más.
No podemos permitir que vuelva a pasar. Nunca más. Y porque creemos en la vida, porque creemos que podemos ser una sociedad con un proyecto compartido, donde quepamos todos, necesitamos compartir nuestra Memoria. Necesitamos justicia. Reparación. No olvido. No impunidad.
Quienes en estos días, que se cumplen 10 años de la entrega del informe de la Comisión de La Verdad y Reconciliación, se atreven a pedir amnistía para el reo Abimael Guzmán o pedir que el reo Fujimori sea indultado injustificadamente o que se vaya a su casa nos insultan. Insultan nuestro dolor. Nuestra capacidad para recordar lo que vivimos. Los que violaron los derechos humanos deben cumplir sus condenas, en eso consiste la Justicia.
Los familiares de quienes sufrieron en carne propia el terror y la violencia de este conflicto armado merecen que el país exija justicia. Merecen que no olvidemos que aún hay miles de desaparecidos, que no pueden descansar en paz, porque aún hay fosas por exhumar y poco apoyo del Estado para esta dura labor. Merecen que el Estado los repare por su pérdida.
Lo merecen, no sólo por lo que les tocó vivir. Lo merecen porque su fuerza, su coraje, su incansable lucha por justicia nos ha permitido a todos como sociedad avanzar en la lucha contra la impunidad. A ellos y a ellas les debemos mucho. A ellos y a ellas nuestro homenaje y compromiso siempre. (1)Carlos Iván Degregori al recibir el premio de derechos humanos de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.
"No creo que esto sea una reedición de Izquierda Unida"

El periodista Víctor Liza del diario La Primera, hizo esta entrevista a Marisa Glave, que se publica en la edición del lunes 15 de julio de 2013.
Desde la formación del Frente Amplio, han surgido voces hablando a favor y muchas en contra. ¿Por qué le temen tanto a las izquierdas?
—Sobre todo en contra (ríe). Entiendo el escepticismo de un sector, porque hay una historia previa que no augura el mantenimiento de la unidad. Por eso es importante que quienes han vivido esas etapas, no crean que va ocurrir lo mismo. Yo no viví esas etapas, junto a otros de mi generación, y no creo que esto sea una reedición de Izquierda Unida. No se trata de intentar revivir un proceso que no terminó bien. Estamos comprometidos a que esto funcione, necesitamos una izquierda responsable, con un proyecto renovador.
¿Cuál sería la diferencia?
—Este es un nuevo proceso que toma en cuenta no solo a las organizaciones políticas, sino a las organizaciones sociales. Tenemos claro que “un militante, un voto”, no puede ser solo un discurso; vamos a exigir que haya primarias que determinen candidaturas para procesos nacionales.

"No creo que esto sea una reedición de Izquierda Unida. No se trata de intentar revivir un proceso que no terminó bien"
¿Y los que están en contra?
—Hay un sector que no le gusta que haya una izquierda que cuestione. El consenso neoliberal, representado en algunos generadores de opinión, no admiten cuestionamientos al modelo extractivista por ejemplo. Consideran eso “un cuco”, sin darse cuenta que planteamos cosas mínimas.
Sobre las actividades extractivas, en el Frente Amplio hay algunas diferencias sobre ese modelo. ¿Cómo conciliar esas diferencias?
—Estamos entrando a un debate programático. Hay escenarios de transición. En el caso de mi partido, Tierra y Libertad, planteamos la bandera de la protección ambiental, que está equiparada a la justicia social. No planteamos la eliminación de la minería, sino que hay que ponernos de acuerdo en dónde y con qué condiciones. También es importante la consulta, no hay que tenerle miedo.
El presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos, ha dicho que Susana Villarán no hace un "gobierno de izquierda" en Lima.
—La discrepancia es sana. Tenemos una izquierda diversa, con matices. Gregorio debe entender que Lima es mucho más difícil, porque es una de las regiones más conservadoras, donde la derecha tiene más peso, donde un gobierno progresista como el de Susana Villarán, antes de implementar reformas que garanticen la mejora de la calidad de vida para las mayorías, necesita promover la inversión privada.
Usted propuso la posibilidad de que Villarán postule a la reelección en Lima. ¿Tiene posibilidades de ser reelecta?
—Sí. Es cierto que las reformas demoran. La municipalidad ha ganado un premio de Buenas Prácticas por la Reforma del Transporte, pese al escenario de ataques políticos, que verá sus frutos en marzo del 2014.
"Las cosas no se hacen de la noche a la mañana. Quien crea que la revolución está a la vuelta de la esquina, está equivocado. Las grandes transformaciones requieren tiempo, seriedad, y a veces hay aliados en otros sectores"
Pero algunos analistas políticos, e incluso el líder de su partido, Marco Arana, han propuesto que sea usted la candidata a la Alcaldía de Lima...
–Yo creo que quien tiene que ser la candidata es Susana. Pero eso tendrá que discutirse entre las distintas fuerzas políticas del Frente, y los ciudadanos que se sientan representados en este espacio. En lo personal asumiré otros roles…
¿Qué otros roles? ¿Tal vez en el Congreso?
—De repente. Hay una posibilidad de asumir ese rol. Ahora, yo tengo 32 años, no se me va la vida, supongo que tengo cerca de 30 años por delante en la política. Volviendo al tema de la alcaldía de Lima, pienso que el Frente Amplio debe buscar alianzas con sectores de centro.
¿Como cuáles?
—Acción Popular, Somos Perú, Siempre Unidos… En Lima, un proceso de reforma como el que está llevando esta gestión municipal convoca al centro también. Sería interesante formar una plataforma más amplia. Pero eso se verá en el 2014.
¿No habría resistencias a esta idea en el Frente?
—La izquierda tiene una plataforma que puede ir avanzando en distintas etapas. Hay escenarios de transición. Las cosas no se hacen de la noche a la mañana. Quien crea que la revolución está a la vuelta de la esquina, está equivocado. Las grandes transformaciones requieren tiempo, seriedad, y a veces hay aliados en otros sectores.
¿Seguro que en las elecciones del 2014 y 2016, cierta prensa resucitará otra vez al “cuco” de la izquierda?
—Supongo que nos sacarán con el puño en alto, con la foto de Abimael Guzmán. Esos psicosociales que reabren heridas, van perdiendo peso. Siento que hemos demostrado que nuestra apuesta por la democracia es real, y de la misma manera nuestro compromiso con los derechos humanos.
RECUADRO
Así como ha lanzado a Susana Villarán para la reelección en Lima, ¿se animaría a lanzar a alguien para el 2016?
—Me gustaría que el frente tenga un proceso de elecciones primarias, donde podamos tener a los candidatos recorriendo al país, para acumular fuerzas y consolidar una bancada fuerte. Hay candidatos posibles como Marco Arana, probablemente Gregorio Santos, la misma Verónika Mendoza. No tenemos un “caudillo” que sea “candidato natural”.

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