Domingo 6 de Septiembre de 2015El Frente Amplio y UNETE planean elegir a sus candidatos presidenciales a través de elecciones primarias. Sería una rareza. La Ley de Partidos exige elecciones primarias, pero pocos partidos cumplen con ella. De hecho, es difícil que haya una competencia real en un partido personalista como el fujimorismo, PNP, PP, APP, o el partido de PPK. Es como exigir que el dueño de un negocio permita elecciones entre sus empleados para determinar quién se queda con la empresa. Pero la izquierda aspira a construir un partido de verdad, lo cual es loable.
Casi todo el mundo está a favor de las primarias. Es un modo más democrático de seleccionar a los candidatos, y según muchos especialistas, la democracia interna fortalece a los partidos.
Tengo mis dudas. Es cierto que las primarias son más democráticas. Pero no siempre fortalecen a los partidos. Funcionan en los partidos grandes e institucionalizados, como los partidos uruguayos y norteamericanos o el PAN mexicano, pero pueden ser dañosos para los nuevos partidos.
Hay dos riesgos principales. El primero es el conflicto interno. Casi todas las democracias latinoamericanas tienen reglas claras sobre el proceso electoral (quiénes pueden votar, cómo votar, cómo contar los votos) y organismos estatales más o menos efectivos que actúan como árbitros, haciendo cumplir las reglas y contando los votos. En cambio, las elecciones primarias son muchas veces asunto de los partidos, con poca regulación estatal. En los partidos nuevos, las reglas del juego no siempre están claras. En muchos casos, la administración está en manos de una sola facción. Sin reglas establecidas o un árbitro neutral, las elecciones primarias pueden provocar una crisis: puede haber acusaciones de fraude y un rechazo de los resultados de parte del perdedor. Muchas veces, la pelea interna se convierte en un espectáculo público que daña a la imagen del partido. Y a veces provoca una ruptura.
El segundo riesgo de las primarias es que se puede elegir a un mal candidato. Para ganar elecciones, los partidos necesitan buenos candidatos, individuos que atraen votos de un amplio sector del electorado. El problema con las elecciones primarias, sobre todo en partidos pequeños, es que solo participa un grupo reducido y poco representativo. Como el voto es voluntario, el nivel de participación suele ser bajo. En el Frente Amplio se espera que voten 20,000 personas. No sé si es factible eso, pero aún si se logra, es un porcentaje muy reducido del electorado (16 millones votaron en las últimas elecciones presidenciales). Si estos 20,000 fueran mínimamente representativos del electorado, no sería problemático. Pero no son representativos. Los que votan en las primarias de un partido pequeño son personas muy comprometidas, que suelen ser mucho más ideológicas que el peruano promedio. Las preferencias de la militancia difieren mucho de las preferencias del electorado general. Gran parte de la militancia fujimorista cree que Alberto Fujimori no hizo nada mal y que debe volver a ser Presidente. Hay militantes del FA que creen que hay tropas norteamericanas invadiendo al Perú.
En un partido pequeño, entonces, una primaria puede producir un candidato que, siendo representativo de la militancia, es poco atractivo para el electorado general. La militancia quiere un candidato que no se esconde de sus principios en búsqueda de votos. Pero cuando un candidato empieza con 1% del voto, tiene que apartarse de su base para crecer. Tiene que conectarse con gente que piensa de otra manera (para la izquierda, sería gente que no sabe qué es el “neoliberalismo,” que le gusta Esto es Guerra, y que piensa que Fujimori hizo algunas cosas muy bien.) Un candidato que no traiciona a su base un poquito corre el riesgo de quedarse en 1%.
Para los partidos grandes, el problema no es tan grave porque un porcentaje más alto y representativo del electorado participa en las primarias. Pero los partidos pequeños siempre corren el riesgo de seleccionar un candidato que cae bien a la militancia pero mal al electorado. (Las primarias abiertas ayudan poco, porque aun en ellas, solo participa un grupo de gente muy comprometida).
En los partidos pequeños, entonces, los líderes —que suelen ser más informados sobre el electorado general— podrían estar en mejores condiciones de encontrar a buenos candidatos. De hecho, según una investigación de la politóloga Flavia Freidenberg, los candidatos presidenciales seleccionados por los líderes partidarios ganan con más frecuencia en América Latina que los candidatos seleccionados por internas abiertas.
El FA podría evitar los problemas señalados aquí. La buena voluntad de sus líderes podría ayudar a evitar una crisis institucional. Y Verónika Mendoza podría ser una candidata que simultáneamente representa la militancia y llega a electorado más amplio (eso es especulación: hasta ahora, Mendoza solo registra 1% en las encuestas). Espero que así sea. Pero antes de saltar a la piscina, vale la pena evaluar los riesgos asociados con las elecciones primarias en los partidos pequeños y no institucionalizados.
Note aparte: Simpatizo con la candidatura de Verónika Mendoza. Pero disiento cuando dice que Venezuela no es un tema de importancia. Es importante por dos razones. Primero, la izquierda pagará un gran costo electoral si no logra distanciarse del chavismo. Para hacer una buena elección, Mendoza necesita la clase media progresista –el centro o centro-izquierda democrática que votó por Toledo en elecciones anteriores. Guste o no, el chavismo no cae bien a ese sector.
Segundo, y más importante, la democracia peruana sigue siendo frágil. Ninguna democracia peruana ha durado más de 14 años. Yo viví bajo el régimen autoritario de Fujimori (régimen que muchos llamaban “democrático” porque Fujimori, igual que el chavismo, ganaba elecciones). Vi la destrucción de las instituciones, la tremenda ofensiva contra los medios independientes, y la violación de los derechos humanos. Y como muchos peruanos, no quiero verlos más. La institucionalidad democrática es una cosa seria. Los progresistas tenemos que defenderla. Ver lo que ocurre hoy en Venezuela y llamarlo “democrático” muestra un débil compromiso con la institucionalidad democrática. Eso es lamentable. La izquierda necesita la democracia más que nadie. Si no la defiende, esta jodida.
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